miércoles, 15 de agosto de 2007

El vampiro de Balvanera

Vea, Baeza- dijo Alarcón acodándose en el estaño mientras pedía otra vuelta de ginebra- usté puede creerlo, o no, pero los vampiros existen, denserio.
-Qué, me va decir que vió uno? No joda, che!
-Más que verlo, me hice amigo. La cosa es así. Cuando yo vivía en el conventillo de la Francisca, el caserón de enfrente, que había sabido ser de los Deussen, estaba desocupau. Un buen día, pero cuando ya había escurecido, se mudó un tipo. Un conde, por lo que me batieron. Alto, el quía. Engominau siempre, y con pilchas negras. Entre las pilchas, y lo pálido que era, parecía un finau.
-Y vivía solo, el coso, o tenía familia?
-Un criado, nada más, que era jorobado y más fiero que un susto a
medianoche. Le iba a hacer las compras. Ginebra y lentejas al almacén
de doña Manuela, y morcillas en lo del carniza del barrio, el que salía
con la Margarita.
-Morcillas, lentejas y ginebra, nada más?
-Me pareció rara la dieta, y más raro que el quía solo salía de noche.
Una noche me lo encontré, y le saqué conversa. Me dijo que era de Rusmaña, algo así...Haciéndome el gil le pregunté por qué no se lo veia de dia, y me dijo que tenía la vista sensible, y que la luz le hacía mal. Lo de las morcillas y las lentejas, me dijo, porque era némico, le faltaba yerro. Me malicié que estaba macaneándome.
-Y cómo se enteró de la verdad?- preguntó Baeza, encendiendo otro Particulares.
-Vea, pasa que el conde era de ir al cabarulo que había en el barrio.
Noche por medio, iba. Yo iba dos por tres, porque en ese tiempo la Ruth laburaba ahí. Yo más que un cliente, era un amigo. Eso fue antes de que ella se fuera para Bahía Blanca. Bueno, el asunto es que ellla me dijo que el conde era buen cliente de la casa, pagaba sin chistar y no buscaba problemas. Pero nunca iba dos veces seguidas con la misma piba. Y ellas después de atenderlo, no se acordaban de nada. Se despertaban cansadas, y con un terrible moretón en el cogote.
-Y ahí nomás usté le vio los pies a la sota!
-Casi casi, vea. Pasa que un par de semanas después fuí al cine y justo daban Drácula. Ahí sí, atando cabos me di cuenta. Salí del cine con un julepe que no le cuento. Pa colmo había nieblina, esa noche. Cuando hice una cuadra, me apiolé de que alguien me estaba siguiendo desde que salí del biógrafo. Era el conde. Cuando me dí vuelta, me dí cuenta que él sabía que yo ya lo tenía junado. Me dijo que me quedara piola, que ibamos a hablar un rato.
-Y usté agarró viaje?
-No se que me pasó, no pude decirle que no. Ni atiné a pelar el facón, vea. Mansito nomás, lo seguí. Nos fuimos a un boliche, buscamos una mesa apartada, y pedimos unas cañas. Ahí me dijo que era un vampiro, pero que no mataba a nadie. Sacaba lo necesario para vivir él, nada más. Vivir y dejar vivir, decía. Por eso iba rotando a las pibas. Para darles tiempo a que se repongan. Además, con las morcillas y lentejas, iba tirando. Desde esa noche nos hicimos gomías, y muchas veces salimos
juntos, hasta que tres años después se fue de vuelta pa su pago.
-Pero usté nunca lo denunció?
-Mire, Baeza, vampiro o no, el tipo sacaba lo que necesitaba pa vivir, nada más. A quién lo iba a denunciar? A los policías chorros, a los jueces coimeros, a los políticos mafiosos? Esos son los verdaderos chupasangres. Esos, cuando nos agarran, nos sacan hasta la última gota, vea.


Firma: Gustavo (Padre co-fundador de Bloguetia).

Y a continuación dos temas de vampirulos.


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