domingo, 5 de agosto de 2007

LA EXPLICACION DE TRANSITO CARRASCO. (Por el Gaucho Santillán.)

Hola amiguitos, dando una vuelta de página y para hacer un cambio radical (radical en el sentido de cambio profundo, y no de fuga en helicóptero), iniciaremos o mejor dicho nos adentraremos en la literatura gauchesca de la mano del Padre Co-fundador de nuestra amada República, me refiero a MI AMIGO el Gaucho Santillán, el que desde lo mas profundo de la selva formoseña, nos obsequia con la primera parte de uno de sus tantos cuentos.

Que decir con palabras de mi amigo el gaucho, salvo que cada vez está mas loco, que siempre me demostró que es un muy buen tipo, nos conocimos en el Blog de Podeti, él tuvo mas suerte que yo, será que como buen gaucho “vago, mal entretenido y sin boleta de conchabo", sabía mejor que cualquiera de nosotros eludir la partida de la “perra de Kastrelli”.

El gaucho nunca tuvo una agachada como otros que se las daban de rebeldes con el solo afán de darse corte en las pulperías, esos a los cuales ni bien Podeti les sobó el lomo y les tiró un hueso se convirtieron en patéticos perros falderos, en alcahuetes y miserables.

Será por esas razones que en parte prefirió irse a las tolderías, en el corazón de la selva formoseña, para vivir libre como un gaucho de ley, sufriendo la carencia de un cyber como la gente, pero siempre supo estar acompañado de fogozas mozas.

(El Doctor Camestres y su gabinete de fenómenos humanos.)

PD: Eso sí tuve que cambiar los putos acentos franceses que usa el gaucho, debe ser de cuando peleó a las ordenes de Lavalle.

LA EXPLICACION DE TRANSITO CARRASCO.
Autor: Gaucho Santillán.
Tránsito Carrasco había nacido en el norte chaqueño, de familia pobre y sin recursos. Solo conservaba un neblinoso recuerdo de su padre, el cual, buscando sustento, emigró del campo familiar, y jamás volvió. Tránsito se hizo solo. Él y sus seis hermanos salieron a trabajar al monte siendo niños, tratando de esquivar el hambre que la tierra yerma y las sequías le tenían destinado. Hubiese querido tener un padre. Pero, entre tantas otras cosas, Tránsito Carrasco careció hasta de un consejo.

Ahora, ya hombre, habiendo emigrado de su tierra, recordando a su madre (a la que sabía que no volvería a ver), Tránsito se agachaba sobre el surco, que su sudor regaba, pensando en que distintas serían las cosas para su propio hijo. Porque Tránsito Carrasco se había prometido, estando solo, allá, en medio del monte, pasando hambre mientras trataba de completar la cuota de madera, que SU hijo leería. Y sabiendo leer, aprendería TODO. Como los doctores, los comisarios, los jueces. Esos no pasaban hambre.

Y mandaba a su hijo a la escuela. Y su hijo volvía, y le mostraba cosas escritas, que para él eran ininteligibles, pero que el niño entendía, cosa que lo emocionaba. Y Tránsito dio consejos, y palmadas y besos. Y de noche , sin que nadie lo viera, abría el cuaderno para extasiarse con esos garabatos raros, pero que significaban cosas. Y cada noche, se prometía que jamás fallaría, que dejaría la sangre, la vida, el aliento. Pero que siempre estaría.

Hasta aquella siesta de domingo. Después de una reunión familiar, Tránsito, un poco envinado, se acostó a dormir con la risa arrastrada por el alcohol y las bromas soeces. El niño jugaba cándidamente en el patio, con una pelota. De repente, pareció pensar algo, y encaró para el dormitorio. Una vez allí, abrió la puerta, y sin más, le espetò a su padre la pregunta que lo acuciaba:" Papá....Usted sabe quién es el padre del más viejo del pueblo?".

Tránsito Carrasco hizo un esfuerzo para contestar. Se habìa dado cuenta, y sintió un escalofrío, que su hijo no preguntaba algo común. No conocía, aquel niño, al más anciano de la población, ni le importaba. Su hijo se refería a algo más importante, algo delicado, algo referente a la vida misma, según intuía Tránsito. Pero el alcohol pudo más. Sintiendo que su cabeza explotaba, Tránsito contestó un seco : "ahora no moleste, mocito. Deje dormir a su padre!".

Sorprendido, el niño quedó inmóvil un momento, luego se fue en silencio. Al rato, olvidado de todo, ya estaba jugando.

Pero Tránsito Carrasco quedó intranquilo. Dio vueltas en la cama. No pudo volver a dormir.
Treinta y ocho años, nueve meses, y siete días después, ya en su lecho de agonía, cabalgando la última fiebre, Tránsito Carrasco trataba, sin voz y con lágrimas que nadie podía explicar, de decirle a su hijo, cual era el origen del hombre.
Continuará..............

Etiquetas: