viernes, 28 de septiembre de 2007

MOMENTOS MISTICOS.

EL TESTAFERRO.

El testaferro, vestido con su costoso traje de Armani, llegó al bar donde el Jefe, ataviado informalmente, lo esperaba. Se sentó, luego de darle la mano, y abordó el tema sin dilaciones.

-Gracias por recibirme. Hace tiempo que pedí esta entrevista.

-Podias haberte comunicado conmigo a través de algún intermediario, como siempre. Ya te dije que no quiero que nos vean juntos-dijo el Jefe-. La gente puede sospechar.

-Sí, pero lo que tengo que decirle, prefiero hacerlo en forma personal.

-Bueno, dale, acá me tenés. Decime qué es eso tan importante que querías contarme.

-Bueno, queria decirle que quiero bajarme, renunciar. No quiero trabajar más para Usted.

-Te querés poner por tu cuenta, acaso?

-No, Jefe. Yo nunca le haría algo asi. Es solo que me quiero retirar.

-Imposible-dijo el Jefe- vos sabés muy bien que para el éxito de mi empresa es fundamental que nadie se de cuenta de que yo tengo el monopolio. Por eso necesitaba crear una competencia ficticia, dirigida por un testaferro. Durante todo este tiempo, hicimos un buen equipo, y vos tampoco te podés quejar, creo. Antes eras un podre diablo, y ahora todos te toman muy en serio.

-Me tienen miedo, Jefe. Porque creen que todo lo que anda mal, es mi culpa, y usted se lleva todo el reconocimiento.

-Son las reglas del juego. Te lo avisé de antemano, y vos aceptaste. Además, no sé de qué te quejás. Qué te molesta de tu trabajo? El calor, el olor, el ruido?

-No, eso no es lo peor. A eso me acostumbré hace tiempo..

-Entonces no veo donde está el problema. Si hasta tenés en tu filial más gente que yo en la mía.

-Sí, pero son todos de lo peor. Usted tiene menos, pero se queda con los mejores-dijo con tristeza el testaferro.

-Para algo soy el Jefe. Entendé que no te podés ir. Estoy conforme con tu trabajo.

-Bueno, pero puede poner a otro en mi lugar.

-Vos mismo dijiste que tus subordinados no sirven para nada, y los de mi filial no querrían pasarse a la tuya, ni serían adecuados para el trabajo.

-Estoy cansado, Jefe. Déjeme rescindir el contrato.

-Nunca. Vos lo firmaste, y te voy a obligar a cumplirlo. Después de todo, vos les hiciste firmar a muchos un contrato igual.

-Sí, pero fue todo su idea, Jefe. No sé para que pedí esta entrevista-dijo el testaferro con tristeza- si ya sé que cuando Usted toma una decisción, no hay Dios que lo haga echarse atrás...perdón, estoy un poco nervioso, no quise ofenderlo, Jefe.

-Está bien, te lo voy a dejar pasar. Pero eso de renunciar, sacátelo de la cabeza. Tomate un descansito, y volvé al trabajo. Chau-dijo el Jefe, mientras se levantaba para irse.

Mientras lo veía salir del bar, Satanás maldijo una vez más su estupidez, cuando, mucho tiempo atrás, en un momento de debilidad, le vendió su alma a Dios.


Autor: gustavo,


Y ahora un tema acorde con este post. la "Balada del Diablo y la Muerte"

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