domingo, 22 de febrero de 2009

LEYENDAS URBANAS: EL COLECTIVO AL INFIERNO.



Una nueva leyenda urbana ha comenzado a propagarse entre los habitantes de la Capital y el conurbano: la existencia de un colectivo infernal. Numerosos testigos aseguran haberlo visto, y hasta hay quienes afirman haber sido pasajeros del siniestro vehículo.

Tras entrevistar a innumerables personas, algunos hechos parecen surgir como claros e indudables, mientras que la veracidad de otros detalles aparentemente varía según los diferentes testigos.

Todos están de acuerdo en que el colectivo infernal solo circula de noche, y más exactamente en noches sin luna. Debido a la ubicuidad de los avistajes, podemos asegurar que se lo puede encontrar en cualquier lugar de la Capital Federal o el conurbano bonaerense. Hay quienes afirman haber sido testigos presenciales del ascenso de algún incauto al vehículo por haber leído erróneamente en el cartel del transporte "Haedo", cuando en realidad el destino indicado era "Hades". El engendro aparentemente pertenece a una empresa conocida como "Transportes Arturo Denvale" que, como los lectores más avispados ya habrán advertido, no es otra cosa que un anagrama de su verdadero nombre: "Transportes Ruta del Averno".

Si bien no hay acuerdo sobre el color exterior del vehículo, que variaría camaleónicamente para mimetizarse con las líneas de colectivos de la zona donde circula, todos coinciden en que su interior es completamente rojo: paredes, asientos y hasta la iluminación interior. Sospechosamente, el conductor todavía corta boletos como era común en el pasado; según algunos testigos porque el vehículo no tiene máquina expendedora, o según otros, porque no funciona. Parece ser (y este hecho absolutamente increíble debería ser suficiente para inspirar sospechas a la víctima) que el chofer siempre tiene cambio, por grande que sea el billete que el pasajero le presente. Sobre el aspecto del conductor no hay acuerdo, comprendiendo la descripción del mismo según diferentes testigos adjetivos tales como: gordito, siniestro, morocho, cadavérico o vulgar. El colectivo nunca tiene otros pasajeros cuando la víctima lo aborda.

Otra característica en la que todos los testigos coinciden, es que el vehículo siempre tiene, independientemente de la temperatura exterior, sus cristales empañados en tal grado que no es posible ver por cuáles calles circula.

Tarde o temprano, el vehículo se desvía de la ruta programada y el pasajero lo advierte, interrogando al conductor, quien no le responde (nadie ha escuchado jamás la voz del chofer). Ante la insistencia del airado pasajero, el conductor finalmente detiene el vehículo para permitirle el descenso, o bien lo inmoviliza por medio de algún artilugio maléfico y sigue su camino.

Y aquí llegamos a un punto crucial de la leyenda: qué hace que un individuo escape, o se pierda para siempre?. Recopilando datos de los testigos, los cabalistas que estudian el fenómeno están seguros de que la salvación o perdición del alma del pasajero dependen de la cifra que aparece en su boleto.

En efecto, aseguran estos doctos que solo son condenados los desdichados cuyos boletos tienen, entre sus cinco cifras, al menos tres veces el fatídico número seis, o aquellos en los cuales la suma de los cinco dígitos da dieciocho (6+6+6). Así, boletos con números tales como 62566, o 43209, serían pasajes seguros al infierno. Aseveran, además, que si el boleto es capicúa con sus dígitos sumando dieciocho (por ejemplo el número 18081), o es el fatídico 66666, el destino que les aguarda es especialmente cruel. A estos últimos números los denominan cifras nefastas. Algunos físicos teóricos han especulado que la explicación está relacionada con las condiciones iniciales del Universo en los primeros instantes después del Big Bang, pero todavía no hay acuerdo al respecto.

Lo que sí se sabe, es que los que tienen la mala suerte de sacar uno de los números antedichos, desaparecen sin dejar rastros.

Aparentemente, las almas atrapadas son condenadas a morar por toda la eternidad en el submundo, alimentando las hogueras infernales con carbón, por una paga equivalente a un salario mínimo. Los desafortunados poseedores de cifras nefastas correrían igual suerte, pero sin cobrar salario familiar y sin derecho a vacaciones pagas.

Lo cierto es que, por improbable que la existencia del colectivo infernal parezca, en las noches sin luna se recomienda viajar en taxi, por las dudas.


Autor: gustavo

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