lunes, 26 de octubre de 2009

EL LOBIZÒN MANSO



(Damas y caballeros: un cuento de horror desde las más recónditas profundidades de la pampa. Ya llega... EL LOBIZÒN MANSO.)

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Mientras trataba de destapar la bombilla con una brizna de pasto seco, Acevedo le dijo a Ezcurra, que le estaba hechando más bosta seca al fuego:

-Yo supe conocer un lobizón en mi pago, de mozo, antes de venirme pa Quetrequén.

-Eso, nunca me lo había contau, compadre.

-Fue ansí la cosa: en mi pago, ajuera del pueblo tenia un rancho el Antenor Galarza, que le decían el gringo, por lo rubio q´era. Con la mujer, el Antenor supo tener seis hijos, todos varones. Y endijpué le nació el sétimo.

-Pintaba pa´ lobizón, seguro.

-Eso nos maliceabamos todos, en el pueblo. El gurí, que lo cristianaron Hilario, era güeno, y obediente. Salió rubio, gringo como el padre. Pero todos le teniban disconfianza. En el pueblo se decía que, cuando se hiciera muchacho, ibamos a tener una disgracia.

-Y la familia del gurí, que decía?

-Todos medio priocupaus, también, menos ña Julia, la madre del Antenor. Siempre le decía: va a ver, m´hijo, que cuando el gurí ese crezca, no le va dar nengún disgusto.

-Y endispué, que pasó?

-Cuando el gurí se enpezó a hacer mocito, que ya casi todos los hermanos mas grandes se habían ido cada cual por su lado, pasó lo de la maldición del lobizón. Una noche de luna llena, el Hilario se dispertó, empezó a aullar como una fiera y salió corriendo del rancho, en cuatro patas. El padre lo siguió, perdió el rastro y lo encontró dinuevo, yendo pa la chacra del viejo Filemón. Y ahí estaba el Hilario, transformau en un perro grandote, que estaba tirau al lado de las ovejas del Filemón.

-Y mató muchas, el lobizón?

-Nenguna. El tata lo miraba, escondido atrás de un caldén, y no lo podia crier. Cuando iba a amanecer, el lobizón entró a trotar pal rancho, tan rápido que el Antenor no lo podía alcanzar. Cuando llegó al rancho, el mocito ya estaba hecho crestiano de nuevo, y durmiendo como un bendito.

-Y eso, pasó más veces, o jue una sola?.

-Siempre lo mismo, cuanto había luna llena. Nunca mató nenguna oveja, y usté no me va querer creer, pero hasta echó un par de veces a un puma que andaba rondandole a las ovejas del viejo.

-Lobizón manso, primera vez que escucho hablar, vea.

-El Antenor mesmo no entendía por qué, hasta que le preguntó a la madre como era que ella sabía de antes que el gurí no se iba a disgraciar como lobizón.

-Y doña Julia, qué le dijo?.

- Le contó al Antenor quién había sido su padre, porque él no lo había sabido nunca. Le dijo que había sido un gringo, agrimensor, un tal Niemayer, que había estado midiendo unos campos y endispues se fue pa la ciudad, y nunca más lo vio, la Julia. Por eso el Antenor, y el Hilario también eran rubios, de ojos azules. Entonces entendió.

-Entendió, lo qué, compadre?

-El Niemeyer ese, era alemán. El gurí, había sacao la sangre alemana del aguelo. Por eso, en vez de matarle las ovejas al Filemón, se las cuidaba. En vez de lobizón, el Hilario salió pastor alemán, nomás!




Autor: gustavo.

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jueves, 22 de octubre de 2009

ATAULFO ROVIROSA, UN AUTODIDACTA GENIAL.(REPOSICIÒN)



(Bueno, soy el Gaucho Santillàn. Como he quedado bastante solo, y todavìa puedo entrar aquì, en Bloguetia, voy a ir publicando los que me parecieron los mejores post de este otrora famoso blog. Es un poco de nostalgia, disculpen)

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Si bien la Nueva Cronología de Fomenko, descripta en un post anteriormente publicado, lleva a límites insospechados la tendencia a acortar la duración de la Historia como nosotros la conocemos, recientes investigaciones indican que el matemático ruso se inspiró, sin duda, en las ideas de Ataúlfo Rovirosa, ignoto pensador nacido en 1924 en Cajón de Ginebra Chico, provincia de Santa Cruz, lugar donde permaneció durante toda su vida como puestero de la estancia Las Martinetas, y donde adquirió todos sus conocimientos, leyendo algunos mohosos libros que encontró en el altillo del casco de la estancia.

Las ideas de Rovirosa, no por erróneas dejan de ser interesantes, ya que no solo preceden, sino superan a la teoría de Fomenko, reduciendo no solo el marco temporal de la Historia universal, sino también sus límites espaciales.

En efecto, afirma Rovirosa que la edad de la Tierra es la postulada por el arzobispo James Ussher en el siglo XVII, quien sostuvo que la creación tuvo lugar el 23 de octubre del 4004 aC, lo que lo obliga a comprimir la duración de la historia humana, ya que se niega a descartar la teoría darwiniwna de la evolución. Esto lo convierte en un pensador absolutamente original, siendo el único caso de creacionista que es, al mismo tiempo, evolucionista.

Sean cuales fueren los motivos de esta ambigüedad, Rovirosa estima que el proceso de evolución biológica llevó varios milenios, hasta la aparición del Homo sapiens, en 1856.

Siendo sus conocimientos médicos precarios, por no decir inexistentes, sostiene Rovirosa que si hubiera personas nacidas antes de esa fecha, "yo ya tendría que haberme cruzado con alguna de ellas" (sic). Parece ser que la fecha de 1856 fue inspirada por el nacimiento del abuelo de Rovirosa, siendo la referencia más remota que pudo rescatar del pasado de su familia.

Para ajustar a su interpretación de la Historia la evidencia arqueológica, el ingenioso Rovirosa afirma que "lo que la gente dice que son ruinas, y creen que son antiguas porque están cayéndos a pedazos, no son tan viejas. Lo que pasa, es que, siendo la humanidad tan joven, para que haya tantas cosas edificadas, seguramente las tuvieron que hacer a la disparada, y por eso se están viniendo abajo" (sic).

Pero, no conforme con acortar la duración de la Historia, el genial erudito impone un estrecho límite espacial a las gestas de la actualidad, cuando (munido de un libro de geografía argentina al que le faltaban las páginas correspondientes a las provincias del Noroeste) asegura que la superficie habitada de la Tierra se extiende "más o menos, desde el penal de Ushuaia hasta el patio trasero de la casa de Tucumán, y desde Buenos Ayres hasta el paso de Uspallata" (sic).

Consecuentemente Ataúlfo determinó, por ejemplo, que los tártaros debían haber vivido en la estapa patagónica, los romanos en la llanura bonaerense, los griegos en las islas del delta, los fenicios en la costa atlántica, próximos a Bahía Blanca, los mayas y aztecas en Misiones y los africanos en San Telmo. De los chinos y japoneses, afirma que son un mito, porque si existieran de verdad "yo ya tendría que haberme cruzado con alguna de ellas" (argumento que como puede apreciarse Rovirosa utilizó en numerosas ocasiones). Sostiene que Aníbal cruzó los Andes (aunque, según afirma Rovirosa "se volvió enseguida, porque la Tierra se terminaba del otro lado"), y Colón no hizo otra cosa que atravesar con sus carabelas la laguna de Chascomús.

Los escritos de Rovirosa todavía están siendo catalogados y descifrados, tarea ciclópea si se tiene en cuenta su tortuosa caligrafía, aunada a su hábito de escribir en papeles de diario usados para envolver paquetes. Los eruditos confían en que, cuando todo ese material sea editado, el público tendrá acceso a la obra de uno de los pensadores más originales de nuestra Patria.

Autor: gustavo
(NdR. gustavo es un sabio loco que actualmente reside en Alemania.)