lunes, 30 de noviembre de 2009

LA LUZ MALA!


El Aujero ´el Cuis, la última auéntica pulpería de Resisitencia, refugio de las tradiciones gauchas y sede del equipo de bochas más temido del norte argentino, estaba lleno de paisanos esa tarde. Las conversaciones entre los parroquianos transcurrían casi por formulismo y sin mayor entusiasmo, tal vez por causa del aplastante calor.

De pronto, alguien mencionó al pasar que un vecino del lugar creía haber visto cerca del camposanto una luz mala la noche anterior.

-Una luz mala? Suertudo, su vecino, porque si hay dos cosas difíciles de endever en el pago ultimamente, son el tatú carreta y la luz mala-musitó el Anselmo, para redondear lacónicamente-deseguro es por el progreso.

-Luz mala de las güenas, la de Ñandú Boleau, que nos supo tener locos del susto a todos-dijo Barrales, mientras sumergía unas hojitas de peperina en su ginebra recién servida, para darle más gustito a fresco, como decía el viejo. Los otros paisanos creían que esa afición por la peperina se le había pegado de cuando anduvo de tropero por Córdoba, pero no estaban seguros.

El asunto es que todos empezaron a apurar al viejo para que les contara la historia.

-Güeno-empezó Barrales después de carraspear un poco para darle más efecto al momento- allá por el ´51, yo era mocito y estaba conchabado en un almacén de ramos generales, porque todavía no se me había soldau el güeso de la cáida del redomón ese que me voltió, asi que no estaba pa´ trabajar en la cosecha…la cosa es que me juí a pasar una temporada con mi padrino, a Ñandú Boleau, en La Pampa, que entonces era Territorio Nacional, entuavía, que al otro año le pusieron Provincia Eva Perón, me ricuerdo, y entonces jue que pasó.

-Pasó, lo qué?-preguntó ansioso el pulpero.

-Lo de la luz mala-se apuró a contestar el viejo-. Pasa que el intendente del pueblo se había emperrau en que había que poner la luz elétrica en el pueblo…no sé pa´que, si no había nada pa´ mirar de noche, aparte de las estreyas, y pa´eso, cuanto más oscuro, mejor. Pero tan porfiau era el intendente, que al final istaló luz en todas las calles del pueblo. El asunto, es que una noche, cuando no hacía una semana que teníamos la luz, yo estaba a la noche con una moza en la plaza ´el pueblo, en un banco enfrente de la estatua ´e Belgrano, y se me aparece la luz mala, vea.

-En la plaza?-preguntó Fasulo, el puestero de la estancia La Juanita.

-Sí, usté me va a decir que la luz mala es más pa´camposanto que pa´plaza, pero ésta era de plaza, vea. El asunto es que me subí las batarazas como pude, que las tenía cáidas mientras hacíamos nuestros asuntos con la moza, y nos juimos lo más rápido que pudimos. Ahí, con la pata mal soldada todavía, corrí igual, la verdá, del susto.

-Y siguió apareciendo la luz mala?

-Cállese, que todas las noches, se aparecía en la plaza. Los mozos, que íbamos a hacer nuestros asuntos en la plaza, no podíamos, porque cuando aparecía la luz mala, se nos iban las ganas, de puro susto, nomás. El cura decía que era un castigo de Dios porque esas cosas no hay que hacerlas. Ahí jué que el intendente se cabreó, porque él era también de ir a la plaza a la noche, con la secretaria, algunas veces. Hasta pensó en cortar la luz de noche, pero entonces pa´que la había hecho poner?. Tanto se enojó, que mandó traer un esperto de Güenos Aires.

-Un espiretista, deseguro-afirmó el pulpero con suficiencia mientras masticaba su escarbadientes, con el que acababa de apuñalar una aceituna.

-No, el intendente estaba convencido de que era culpa´e la luz elétrica. Porque antes de la luz elétrica, no había luz mala en el pueblo-aclaró Barrales-. Y no me va´creer, pero tenía razón. El que sabe, sabe. Esos eran intendentes, mi amigo, y no los de ahora, que nunca arreglan nada. No, si el dotor era inteligente… güeno, el asunto es que el ingeniero encontró el problema.

-Que sería, cual?- inetrrumpió ansioso el gaucho al que todos llamaban el Meco.

-Parece ser que el ingeniero este, tanto buscó que encontró en el cable, donde pasaba la luz por la plaza, justo donde aparecía la luz mala, un ujero en el cable, vea. No se dieron cuenta cuando pusieron las luces en el pueblo, pero el cable tenía ese ujero justo ahí. Grande, el ujero y la luz goteaba por ahí, y esa era la luz mala que nos tenía a todos locos. Emparcharon el cable, y santo remedio, vea.

-La verdá-dijo el pulpero- a mí me habería gustado más que hubiera sido un alma en pena, dendeveras.

-A usté porque no lo agarró como a mí, con la batarazas caídas-contestó el viejo.



Autor : Gustavo.

Buenas tardes.

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9 comentarios:

A las 30 de noviembre de 2009, 15:32 , Anonymous Anónimo ha dicho...

"Con las batatazas caidas".

Genial.

 
A las 1 de diciembre de 2009, 8:40 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Y bueno, asì es Gustavo.

(Parece que de bombachas en el piso, sabe un toco)

 
A las 2 de diciembre de 2009, 9:54 , Blogger Antonio ha dicho...

Magnífico. Me gustó mucho.

 
A las 2 de diciembre de 2009, 15:30 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Un poco largo, pero buen final.

 
A las 3 de diciembre de 2009, 9:17 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Hola.

Anònimo, gustavo escribe asì. Y el final es bàrbaro.

Antonio, gracias!!

Saludos

 
A las 3 de diciembre de 2009, 16:16 , Blogger Seba ha dicho...

Buenos relatos!

ya ha sido agregado a:

http://blogsenespanol.blogspot.com/

Saludos!

 
A las 3 de diciembre de 2009, 16:23 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Gracias a vos, Sebastiàn.

saludos

 
A las 6 de diciembre de 2009, 19:14 , Blogger gustavo ha dicho...

Un saludo para todos. Bloguetia es como Argentina. Con altibajos, pero seguimos vivos!

 
A las 7 de diciembre de 2009, 8:43 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Si papà!!!

 

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