lunes, 16 de noviembre de 2009

MÀS RELATOS DEL AUJERO `EL CUIS.


EL GAUCHO DE LA HORQUETA.


En el Aujero´el Cuis, la última pulpería de Resistencia, el paisanaje mataba el tiempo mientras esperaban que afuera parara el aguacero.

Alguno preguntó que sería de Santillán, que se había ido el pago, pero había dejado tras de sí un recuerdo imborrable como gaucho de ley y, para más, buen purificador de agua.

Cuando oyó nombrar el agua, el viejo Barrales, que estaba chupando un mate con aire pensativo, dijo como para sí :

-Eso del agua, me hace acordar de un sucedido que yo he visto hace mucho.

Todoos se apresuraron a pedirle que cuente su historia. Y es que la fama de las anécdotas de Barrales era legendaria.

-Cuando yo vivía en Ñandubay Herrado, no había tanta técnica, ni tanto ingeniero, ni caños de agua, ni nada. Cuando hacía falta agua, hacíamos un pozo. Pero no era cuestión de hacer un pozo a lo pavo. No, había que saber adónde. Asi que lo llamábamos al Eleuterio Navarro.

-Qué vendría siendo…?-preguntó el pulpero con timidez.

-Era el de la horqueta-aclaró el viejo-. Se dice que había aprendido el oficio solito, de ver a otro que buscaba agua así, con un palito. Al Eleuterio le pareció lindo de hacer la prueba, y resultó que tenía facilidá pa´l oficio.

-Yo he oído de muchos que hacen eso. Rabdomantes, que le dicen-se metió un forastero con aires de entendido.

-Lo que usté oyó lo sabrá usté, mozo-dijo el viejo picado-pero yo cuento lo que yo mismo vide, cuando era muchacho. Y tenga por seguro que esto que le voy y contar, no se lo ha contau naides antes. Ansí de no creer es la cosa.

El forastero guardó respetuoso silencio, como reconocimiento tácito de que había violado las normas de urbanidad imperantes en el boliche.

-El Eleuterio-siguió Barrales mientras empezaba a armar un cigarrillo-no solamente le decía a uno donde había agua. Eso lo hace cualquiera. Él sabía qué hondo había que hacer el pozo, cuanta agua había, si era dulce o salitrosa, si venía con barro y hasta cuanto sarro dejaba en la pava, si lo que buscaba el cliente era agua pa´l mate.

-Capacitau, el hombre-dijo Nicanor, el herrero del pueblo.

-Capacitau? Era de no creer, mi amigo-enfatizó Barrales-. Le digo más, si no había agua, no le cobraba. Así de derecho era. Yo lo he visto decirle a alguno: “Y qué le voy a cobrar, si acá abajo hay tosca nomás, que no sirve pa´ nada?”. Pero lo mejor, era que a medida que iba agarrando confianza con la horqueta, encontraba otras cosas.

-Cosas como qué?-interrumpió el pulpero.

-No sea ansioso, que ya le cuento-se apuró el viejo a responder-. Un día un gaucho perdió el facón, y el Eleuterio empezó a mover la horqueta, y no va que se lo encuentra en unos pastizales. Y así empezó. Patacones, llaves, todo le encontraba. Lo más grande fue cuando el Sabino llegó a la casa y no estaba la china. Va creer que el Eleuterio con el palito se la encontró? En el rancho de un vecino estaba la muy ladina, los dos en el catre, vea. Pero falta lo mejor.

Esta vez, nadie interrumpió, ni siquiera para preguntar. El viejo termino de armar su cigarrillo pasándole saliva al papel, lo cerró, lo encendió y siguió con su relato.

-El Eleuterio decía que seguro que si la horqueta fuera toda parejita, capaz que iba a andar mejor y se iba a poder encontrar agua más hondo-explicó-. Asi que después de mucho buscar en el monte encontró una horqueta linda y la enpezó a emparejar con el facón, hasta que quedó que daba gusto verla. Entonces salió a probarla y dos o tres que estábamos al ñudo fuimos con él. Salimos del pueblo, caminamos un poco y el Eleuterio que empieza con la horqueta nueva. Al principio, dijo que había pedregullo y más abajo, primero arena y después tosca, endispués, agua dulce como a veintidós metros y abajo, más tosca. Y siguó así, un rato largo diciendo lo que había, y enpezó a decir que abajo el suelo estaba cada vez más caliente, hasta que empezó a hablar de fierro fundido.Un rato largo, con lo del fierro estuvo. Después, empezó a decir que más abajo de vuelta empezaba a hacer menos calor, y de vuelta piedra, y tosca, y agua, y arena, y qué se yo qué más. Al final, y eso es lo más raro, dijo que la horqueta le decía que abajo de todo había agua hervida, pero muy poca. Una taza, más o menos, con unas hojitas flotando adentro. Y más abajo, aire. Como le pareció raro hasta a él, tiró la horqueta por ahí, porque pensó que no servía.

-Pero servía, o no?-preguntó el forastero con tono respetuoso.

-Claro que servía. Al principio no entendíamos que era eso que el Eleuterio había encontrado con la horqueta, pero cuando la noticia del sucedido corrió por el pueblo, el maestro, que era muy léido, nos dijo que de seguro el Eleuterio había encontrau con el palito todo lo que había hasta el centro è la Tierra, y por eso lo de la calor y el fierro fundido.

-Bueno, pero y lo del la taza de agua hirviendo?-se apresuró a averiguar el pulpero.

-Eso es lo mejor, mi amigo-dijo Barrales mientras asentía con la cabeza con aire reflexivo-. El maestro nos dijo que el Eleuterio había pasau hasta el otro lau del mundo, y de seguro el agua con unas hojitas adentro era que un japonés estaba colgando cabeza abajo del otro lau de la Tierra preparandose un tè, justito abajo nuestro.

Recién en ese momento los paisanos, hechizados por el relato, se dieron cuenta de que afuera había dejado de llover hacía rato.


Autor : Gustavo.


Buenas tardes.


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5 comentarios:

A las 17 de noviembre de 2009, 9:24 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Esta bueno.

 
A las 18 de noviembre de 2009, 9:51 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Anònimo, claro que està muy bueno. Gustavo es de lo mejor!!

 
A las 21 de noviembre de 2009, 9:06 , Anonymous F. Boyd ha dicho...

Muy bueno.

 
A las 21 de noviembre de 2009, 13:23 , Blogger Mirko y su mosquito bailarín ha dicho...

Muy lindo el relato, muy costumbrista.
Que pases un lindo finde gaucho

 
A las 23 de noviembre de 2009, 8:50 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Gracias, Mosqui. Lo mismo para vos

Saludos

 

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