lunes, 22 de febrero de 2010

EL GOLEM DEL RIACHUELO


-Usted, como comisario, debe tener anécdotas interesantes después de tanto tiempo de servicio-digo Leguizamón mientras le ponía azúcar a su café.

-Si, hubo un caso, hace unos años, que de recordarlo se me eriza la
piel. Fue el asunto ese del Golem de Vuelta de Rocha.

-Cómo fue?

-Yo en ese momento estaba asignado a una comisaría en la Boca. Lo de siempre, alguna pelea de borrachos, o de barrabravas, o algún abombado al que le robaban hasta los calzoncillos, aunque en esos años no había tantos gringos despistados haciendo turismo por La Boca.

Pero esa vez, lo del Golem, fue diferente-dijo el comisario Balmaceda, mientras le hacía señas al mozo de que le arrimara otro cortado.

-Me está picando la curiosidad. Que pasó con ese tipo, ese Golem?

-Vea, el Golem ese no era un hombre, sino algo muy distinto, pero déjeme que le cuente un poco, para aclarale.

Una noche vino corriendo un tano que tenía una pensión, a avisarnos que esa misma medianoche, unos minutos atrás, había escuchado ruidos y gritos en la casa de enfrente del inquilinato, y había visto una sombra grandota que salía tambaleándose de la casa. Cuando los agentes fueron a investigar, encontraron muerto en esa casa a un hombre, estrangulado. Le habían partido el cuello.

El asesino tenía que ser alguien muy fuerte. Lo raro es que no había dejado huellas, pero el cuello del occiso estaba manchado de tierra.

-Y el muerto, quién era?

-Un tal Schijmann, un rabino que hacía poco había llegado de Checoeslovaquia, escapándose de los nazis. Pero ese fue solo el primer crimen, al cual le siguieron en el mismo mes otrros tres, dos hombres y una mujer, todos en semejantes circunstancias. Todos estrangulados de noche, pero esta vez en la vía pública.

Sin huellas digitales, pero con marcas de tierra en el cuello. Como se imaginará, los vecinos estaban asustados, y de arriba presionaban para que encontraramos al asesino.

-Y qué método usaron, para encontrarlo?-preguntó Leguizamón, ansioso.

-Bueno, la verdad es que lo agarrramos de casualidad. Una noche, un agente de ronda escuchó gritos y al acudir al lugar de los hechos que era una esquina oscura, divisó la sombra de un sujeto de dos metros de altura, estrangulando a un hombre. No obedeciendo el sospechoso la voz de alto, el agente hizo fuego de inmediato, hasta vaciar el cargador.

El asesino soltó la presa, y se alejó tambaleándose, pero al darse a la fuga fue atropellado por una chata que doblaba la esquina. Cuando el agente se acercó a inspeccionar el cadáver, descubrió que era un gigantesco muñeco de barro.

-Un muñeco que caminaba y mataba gente? Con todo respeto, me está cargando, comisario?

-No, nosotros tampoco lo podíamos creer. Le hicimos prometer al conductor de la chata y al hombre que rescatamos que no iban a decir nada, y llevamos en secreto el cadáver, por así decirlo, a la morgue judicial. Ahí uno de los médicos, un hombre muy preparado, nos puso sobre la pista, porque conocía la leyenda del Golem, una especie de autómata que el rabino Jehuda Loew construyó en Praga, hace siglos, para usarlo como sirviente. Según la leyenda, le dio vida usando algún conjuro mágico, modelándolo con barro del río Moldava.

Hay varias versiones de lo que sucedió, pero en general parece ser que el Golem se activaba cuando se le ponía en su boca un pergamino con un texto sagrado. Se dice que el rabino, finalmente, luego de quitarle el rollo de la boca, lo guardó en el altillo de la sinagoga, porque era difícil de controlar.

-Y ése Golem apareció en vuelta de Rocha?

-No, ese no, de eso estamos seguros El análisis de la tierra con la que lo hicieron indicada que fue extraída del Riachuelo, indudablemente, y eso justamente nos ayudó a aclarar cual fue la causa de los crímenes.

-La tierra del Riachuelo?-preguntó Leguizamón, con el asombro marcado en su rostro.

-Sí, y acá me tengo que remitir a la opinión de los peritos policiales.

Parece ser que el Riachuelo tiene todo tipo de metales pesados disueltos. Hay cromo, arsénico, plomo, mercurio y otro montón de porquerías disueltas que tiran las curtiembres, frigoríficos y otras fábricas. Esos metales, en grandes dosis, son tóxicos, y pueden atacar al sistema nervioso. El mercurio, por ejemplo, que volvió locos a muchos alquimistas que respiraron sus vapores. Bueno, eso mismo le pasó al Golem del rabino. Se volvió loco, y por eso salió a matar gente.

-Cuando uno lo piensa bien, no se sabe que es más escalofriante, si el Golem ese o el agua del Riachuelo-dijo Leguizamón mientras apuraba el último sorbo de café.

Autor: Gustavo.

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lunes, 15 de febrero de 2010

RIGOR HISTÒRICO









EL MANUSCRITO.

Ernesto entró al café y divisó en una de las mesas del fondo, que daba contra la ventana, a Germán. Se lo veía abatido, y tan distraído estaba contemplando el fondo de su taza de café que no se había percatado de su llegada. Ernesto se acercó y se sentó en la silla vacía enfrente de Germán sin más preámbulos, mientras le indicaba al mozo por señas que le arrimara un cortado.

-Que hacés, viejo? Tenés una cara que no te cuento, che. Ya sé que los golearon, pero tenés que aceptarlo con hidalguía. Si son unos muertos, querido.

-No es por el partido de anoche-dijo Germán, mientras señalaba una carpeta llena de papeles que tenía sobre la mesa-. Me rechazaron el manuscrito de vuelta. Esta vez fueron los de Ediciones Martorelli.

Ernesto hizo memoria rápido: debía ser la quinta, o la sexta vez que a Germán una editorial le rebotaba su manuscrito. Sabía que su amigo quería ser escritor, pero nunca había tenido la oportunidad de leer ni siquiera una página de lo que había escrito. Ni él ni nadie, porque Germán solo sometía su novela a la consideración de los editores, siempre con resultados infructuosos. Lo único que sabía Enrique era que se trataba de una novela histórica. Raro, pensó Enrique, teniendo en cuenta que cuando hicieron juntos la secundaria Germán no estaba seguro ni siquiera de quién había descubierto América.

-No te dieron ninguna explicación?

-Sí, todos dicen siempre más o menos lo mismo. Que me falta rigor histórico. Rigor histórico...-repitió con una sonrisa irónica- como si no les hubiera dicho que es una novela. Una no-ve-la, flaco. Para rigor histórico, están Ibañez, Astolfi o quien carajo esté escribiendo los libros de historia que usan los pibes ahora. O los cosos esos del Instituto Sanmartiniano. Esos seguro que saben hasta qué desayunó San Martín el día de la batalla de San Lorenzo. Pero una novela es creación, fantasía. Si no hacés volar un poco la imaginación, la gente no se engancha. Y estos boludos de los editores no lo ven. No quieren genio literiario. No, los tipos quieren el manual Kapelusz. Aguantame un cachito.

Ernesto asintió con la cabeza, miemtras vió a German levantarse y enfilar para el baño del bar. Casi al descuido posó su vista en el manuscrito que había quedado sobre la mesa y picado por la curiosidad, lo tomó, abrió una página al azar y leyó:

“…finalizando su agotadora travesía por la estepa Napoleón entró en Moscú. Lamentó que el mariscal Zhukov hubiera rehuido la batalla, seguramente para fortificarse en Stalingrado por órdenes del zar Iván el Terrible. Solo en los suburbios grupos aislados de tropas irregulares entorpecían el avance de los franceses en la ciudad semidesierta, disparando sus Kalashnikovs desde las ventanas de los pisos superiores.

Espoleó una vez más a Bucéfalo, y echó un vistazo al helado Rubicón. Entró con su séquito en el vacío Kremlin, desmontó y le entregó su espada, Excalibur, a su edecán. Cruzó las antecámaras y entró en el despacho del zar, sentándose con placer en el Trono del Dragón. Atrás quedaban todos los sinsabores: el descalabro de Verdún y la destrucción de su flota en Trafalgar, cuando los ingleses al mando del almirante Nimitz hundieron su barco más preciado, el Bismarck.

Pero todos esos esfuerzos habían valido la pena, porque la hora del triunfo había llegado. Decidió enviar un email a París para notificar a su amada de la victoria. Cleopatra estaría ansiosa esperando la noticia de su posible…”

La vuelta de Germán interrumpió su lectura.

-Disculpame. –dijo Ernesto cerrando el manuscrito y volviendo a apoyarlo sobre la mesa- pero me agarró curiosidad, y..

-No hay drama. Y decime…qué te parece?-lo interrogó ansioso Germán.

-Bueno, solo leí un par de renglones, pero…bien, me parece-mintió Ernesto lleno de piedad-. Yo pienso como vos, que una novela no tiene por qué ser tan, tan exacta, a fin de cuentas.

-Pero las editoriales parece que no piensan lo mismo.

-Es que tenes que apuntar a otro lado, Germán. Pensá en Hollywood. Ahí está la guita-lo interrumpió Ernesto.

-Y cómo hago para que los tipos de Hollywood me den bola? Me gasto lo que no tengo en un boleto de avión a California?

-No hace falta. Acordate de Lucho. Se fue y hace cinco años para allá y está laburando bien en los estudios de la Columbia.

-De iluminador, trabaja. No creo que…

-Sí, ya sé-lo cortó Ernesto-pero estando ahí con los reflectores, seguro que conoce a todos los capos. Spielberg, Tarantino, cualquiera de esos. Le mandás el manuscrito a Lucho, y que él a la primera de cambio se lo acerque como quien no quiere la cosa a uno de esos monstruos para que le pegue una ojeada, y por ahí, quien te dice, les gusta y te compran los derechos para una película. Y ahí, otra que Editorial Martorelli. Si se te da, te llenás de guita. Te digo más, por ahí, hasta el Oscar ganan con la película.

-Y no te parece-dijo Germán vacilante- que ese asunto de la falta de rigor histórico me puede jugar en contra?

-No, para nada, salame-dijo Ernesto palmeando en la mejilla a Germán con afecto-. O acaso vos no viste Gladiador?


Autor: gustavo.


Buenos dìas.

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lunes, 8 de febrero de 2010

EL HOMBRE INVISIBLE, O EL DÌA QUE BALMACEDA CONOCIÒ AL DR. HAROLD FRAGAPANE.



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Leguizamón y el comisario retirado Balmaceda terminaron de jugar su partido de generala en salón del club 12 de Octubre, y mientras le pedían al muchacho que atendía la barra del bar que les arrimara dos copas de vermut, Leguizamón le preguntó al comisario si creía que los grandes criminales nacen, o se hacen.

-Una vez tuve la ocasión de verificar que convertirse en un gran criminal no es posible-contestó el comisario-. Una persona puede delinquir por motivos varios, pero los genios del delito tiene un talento innato, una visión estratégica podríamos decir, que le falta al carterista común. Lo comprobé cuando me ví envuelto en el caso del Hombre Invisible.

-Balmaceda, usted se las vió con Golems, momias y hasta con un hombre invisible? Ni en el tren fantasma se ven tantos monstruos!

-La realidad es más extraña de lo que creemos. Hace unos años, un día vino a la comisaría a hacer una denuncia un tipo por algo que había extraviado. Cosa de rutina, que se las dejábamos a los sumariantes. Pero cuando el agente empezó a tomarle la denuncia, la historia le pareció tan divertida, que me fue a buscar a mi oficina para que la escuchara.

-Divertida?

-Sí, el denunciante era un tipo muy raro, estrafalario podríamos decir, que juraba ser un científico, un tal Harold Fragapane, y que afirmaba que había perdido en una pizzería una libreta de anotaciones donde tenía la detallada descripción de un descubrimiento suyo muy peligroso: el secreto para hacerse invisible. Nos dijo que había descubierto una sencilla combinación de compuestos químicos que podían hacer invisible a una persona, y que tenía, además, el antídoto para revertir el efecto. Le tomamos la denuncia porque era nuestra obligación, pero no le creímos lo de la fórmula, obviamente. Más disparatada nos pareció su declaración cuando picado por la curiosidad hice averiguaciones sobre el Fragapane ese y me enteré de que sus inventos nunca funcionaban, y solo sobrevivía porque un noble europeo, un tal Turpilatus no sé cuanto, le financiaba las locuras. Llamanos a la pizzería, y el dueño dijo que no habían encontrado nada. Me olvidé del asunto, hasta unos cinco días después.

-Por qué, Balmaceda?

-Ese día vino a la seccional una chica del barrio, muy bonita ella, a decirnos que le habían tocado el traste en la calle, pero cuando se dio vuelta para encarar al insolente, no había nadie. Escuchó, eso sí, una risa que no sabía de donde salía. Otras chicas aparecieron con quejas similares. Además, estaba el asunto ese del rin-raje.

-El qué?

-El rin-raje, eso que hacen los pibes, de tocar el timbre y salir corriendo. Muchos vecinos se quejaban de que les tocaban el timbre, y cuando salían a abrir, no había nadie en la puerta...pero el timbre volvía a sonar solo, frente a sus narices.

Otras cosas raras empezaron a suceder: en más de un picado en el barrio, la pelota se movía sola, o algún jugador se ligaba una patada en la canilla cuando no había ningún adversario cerca.

Unos cuantos pelados se quejaron de que una voz salida de no se sabía donde, los cargaba y les preguntaba que marca de shampoo usaban.

Alguna vieja ricachona denunció que algo o alguien invisible había pateado a su caniche mientras lo estaba paseando.

En una verdulería, los tomates empezaron a volar y a estrellarse en la cara de los clientes.

Hubo muchos otros sucesos parecidos que hicieron que durante esa semana en el barrio la gente estuviera aterrada y que solo se explicaban si aceptábamos que la fórmula de Fragapane funcionaba, y que alguien la tenía. La situacón exigía una investigación profunda. Volvimos a la pizzería donde se había perdido la libreta de apuntes, y nos enteramos que el mozo que había atendido a Fragapane dejó el trabajo dos días más tarde. Desapareció sin dejar rastros.

Como estaba empleado en negro y solamente hacía tres meses que trabajaba ahí el pizzero no sabía su dirección, ni su apellido. Le decían Tito y era, según palabras de su patrón, un jodón bárbaro que se las pasaba haciéndoles bromas pesadas a los otros empleados. Lo llamamos a Fragapane para ponerlo al tanto de nuestras pesquisas, y el tipo nos dijo que la fórmula tenía ingredientes sencillos y era fácil de preparar, pero por más que trataba no podía recordar su composición. Lo que sí se acordaba, era que el componente principal del antídoto era el Pineral, por increíble que parezca.

-Pero eso es un aperitivo que no existe más, comisario!

-Sí, ya en esa época no se conseguía. Fragapane tenía un par de botellas en su laboratorio. Las requisamos, y empezamos a investigar qué boliche tenía todavía una botella de Pineral. El hombre invisible la iba a necesitar, tarde o temprano. Ser invisible siempre, tiene sus inconvenientes. Encontramos en toda la ciudad solo cuatro bares que tenían alguna botella de Pineral olvidada en una estantería. Las requisamos también, salvo en un boliche donde hablamos con el gallego que era propietario y le explicamos la situación. Pusimos un agente de civil a vigilar la zona. A los tres días, se apareció un tipo todo vendado, con sombrero, lentes negros y sobretodo y con las manos enguantadas, y le dijo al bolichero que quería comprar la botella. El gallego le dio charla, mientras le hacía una seña al policía de civil que estaba afuera. El hombre invisible se dio cuenta de la maniobra, y trató de darse a la fuga.

-Y lo agarraron?

-Como en la novela del hombre invisible, el tipo trató de sacarse toda la ropa antes de que nuestro hombre lo pudiera sujetar. Desnudo, no hubiera sido posble verlo para atraparlo. Por suerte, el policía fue mas rápido y lo alcanzó a esposar. Lo arrestaron y en un bolsillo de su piloto encontraron la famosa libreta con la fórmula.

-Y que pasó después?

-Fragapane preparó el antídoto y se lo dio a tomar. Después, destruyó la libreta, porque se dio cuenta de lo peligrosa que era. Lo más interesante de todo es que él nos dijo que solo el Pineral funcionaba para el antídoto. Cada aperitivo tiene su mezcla de yuyos, y no hay dos iguales. Me dijo que ni él mismo sabía por qué tenía que ser Pineral, y que lo había descubierto por casualidad.

-Y con el hombre invisible, qué hicieron?

-Lo tuvimos un mes preso, y lo largamos. Las molestias que ocasionó no fueron tan graves si pensamos en los desastres que podría haber hecho.

-O sea, que la fórmula se perdió para siempre, comisario?

-Sí, y fue una suerte. Ese Fragapane sería un desastre como inventor, pero esa vez tuvo una toqque de genio. Imagínese lo que haría un genio criminal con esa fórmula. Podría construir un ejército de soldados invisibles, aterrorizar el planeta, entrar en cualquier sitio sin ser detectado. La sacamos barata, Leguizamón, y todo porque en vez de ser un genio del mal, ese Tito era solamente un boludo alegre.

Autor: gustavo.

buenas tardes.

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lunes, 1 de febrero de 2010

LA TIERRA HUECA.



Serà asì?

Si bien es cierto que las perforaciones realizadas en nuestro planeta a la fecha no superan los 12 kilómetros de profundidad, es aceptado que el interior de la misma está compuesto de rocas fundidas debido a las altas temperaturas del imterior del planeta.

En 1692, el astrónomo Edmund Halley (sí, el mismo del cometa) sostuvo que la Tierra tenía una corteza de 500 millas de espesor, con dos cortezas concéntricas y un núcleo central, y postuló que esas regiones eran posiblemente habitables.

Probablemente esta idea inspiró a John Cleves Symmes que en 1818 afirmó que la Tierra tiene una corteza hueca de unos 1300 kilómetros de espesor, con aberturas de unos 2300 kilómetros en los polos, con cuatro de esas cortezas concéntricas, siempre con aberturas polares. Estaba dispuesto a ir personalmente al Polo Norte para demostrarlo, pero parece que el Congreso se negó a financiar la expedición.

En 1906, un tal Wiliam Reed reflotó la idea en su libro Phantom of the Poles, sosteniendo que el planeta es hueco, pero descartando el concepto de capas concéntricas.

Marshall Gardner, en A Journey to the Earth's Interior, en 1913, llegó más lejos, sosteniendo que el Sol está dentro de la esfera hueca que constituye nuestro planeta. Seguidores de esta teoría, llegaron a creer que una raza superior, tiene su morada en el interior del planeta.
En 1969, Walter Siegmeister, usando el pseudónimo Dr.Raymond Bernard) sostuvo una idea similar, asegurando que los OVNIs provienen del interior terrestre.

Como era de suponer, tarde o temprano alguien tenía que ampliar la idea: si la Tierra es hueca, probablemente estemos viviendo en su cara interior. Es la llamada teoría de la Tierra Hueca Cóncava.

En 1869 Cyrus Teed, un alquimista de Nueva York, creó un culto basado en esta idea, llamado Koreshan Unity (no confundir con David Koresh, de la secta davidiana y la masacre de Waco), y publicó un libro llamado Cellular Cosmogony.

En la imaginación de Teed, el Sol está en el centro de la esfera, que tiene tres capas gaseosas: atmósfera, higrógeno y "aboron", y la luz describe trayectorias curvas. Solo así puede justificar que la posición aparente del sol varía en distintos puntos de la superficie terrestre.

Los planetas, son reflexiones de aglomeraciones metálicas con forma de disco que están bajo nuestros pies, en capas externas de la corteza terrestre. Teed afirma que hay 17 capas concéntricas, de naturaleza metálica, rocosa o sedimentaria. Hasta trataron de demostrar
experimentalmente la concavidad del planeta, efectuando mediciones periódicas a lo largo de cinco millas, usando unos dispositivos llamados rectilineadores, desarrollados por un tal Ulysses Grant,

Morrow, un seguidor de Teed, en 1897. Debido a errores experimentales, sus datos parecían confirmar la teoria de la Tierra Hueca. Los seguidores de su culto, hace rato que se extinguieron.

Pero, se dice que algunos escritores alemanes durante el siglo XX sostuvieron ideas parecidas, y que Hitler estaba convencido de su veracidad. Y hacia 1980, el matemático egipcio Mostafa Abdelkader publicó papers tratando de demostrar la posibilidad de una Tierra Hueca, postulando que ningún experimento puede refutar esa posibilidad en forma absoluta.

En realidad, si bien la Geometría puede postularse de modo que no pueda distinguirse entre ambos modelos, la Física está en contra de una Tierra Hueca.

Cabe destacar que si viviéramos en el interior de una esfera hueca, no haría gravedad que nos sujetara a su superficie, y, aún habitando la cara externa de la misma, la masa del planeta sería menor, por la falta de materia en el interior, lo que haría que la gravedad fuera mucho menor en la superficie de lo que podemos medir experimentalmente.
Por las dudas, yo, cuando camino, piso con cuidado. No me gustaría caer en un agujero, e ir a parar al espacio exterior.

Autor: Gustavo.


Buenas tardes.