lunes, 8 de febrero de 2010

EL HOMBRE INVISIBLE, O EL DÌA QUE BALMACEDA CONOCIÒ AL DR. HAROLD FRAGAPANE.



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Leguizamón y el comisario retirado Balmaceda terminaron de jugar su partido de generala en salón del club 12 de Octubre, y mientras le pedían al muchacho que atendía la barra del bar que les arrimara dos copas de vermut, Leguizamón le preguntó al comisario si creía que los grandes criminales nacen, o se hacen.

-Una vez tuve la ocasión de verificar que convertirse en un gran criminal no es posible-contestó el comisario-. Una persona puede delinquir por motivos varios, pero los genios del delito tiene un talento innato, una visión estratégica podríamos decir, que le falta al carterista común. Lo comprobé cuando me ví envuelto en el caso del Hombre Invisible.

-Balmaceda, usted se las vió con Golems, momias y hasta con un hombre invisible? Ni en el tren fantasma se ven tantos monstruos!

-La realidad es más extraña de lo que creemos. Hace unos años, un día vino a la comisaría a hacer una denuncia un tipo por algo que había extraviado. Cosa de rutina, que se las dejábamos a los sumariantes. Pero cuando el agente empezó a tomarle la denuncia, la historia le pareció tan divertida, que me fue a buscar a mi oficina para que la escuchara.

-Divertida?

-Sí, el denunciante era un tipo muy raro, estrafalario podríamos decir, que juraba ser un científico, un tal Harold Fragapane, y que afirmaba que había perdido en una pizzería una libreta de anotaciones donde tenía la detallada descripción de un descubrimiento suyo muy peligroso: el secreto para hacerse invisible. Nos dijo que había descubierto una sencilla combinación de compuestos químicos que podían hacer invisible a una persona, y que tenía, además, el antídoto para revertir el efecto. Le tomamos la denuncia porque era nuestra obligación, pero no le creímos lo de la fórmula, obviamente. Más disparatada nos pareció su declaración cuando picado por la curiosidad hice averiguaciones sobre el Fragapane ese y me enteré de que sus inventos nunca funcionaban, y solo sobrevivía porque un noble europeo, un tal Turpilatus no sé cuanto, le financiaba las locuras. Llamanos a la pizzería, y el dueño dijo que no habían encontrado nada. Me olvidé del asunto, hasta unos cinco días después.

-Por qué, Balmaceda?

-Ese día vino a la seccional una chica del barrio, muy bonita ella, a decirnos que le habían tocado el traste en la calle, pero cuando se dio vuelta para encarar al insolente, no había nadie. Escuchó, eso sí, una risa que no sabía de donde salía. Otras chicas aparecieron con quejas similares. Además, estaba el asunto ese del rin-raje.

-El qué?

-El rin-raje, eso que hacen los pibes, de tocar el timbre y salir corriendo. Muchos vecinos se quejaban de que les tocaban el timbre, y cuando salían a abrir, no había nadie en la puerta...pero el timbre volvía a sonar solo, frente a sus narices.

Otras cosas raras empezaron a suceder: en más de un picado en el barrio, la pelota se movía sola, o algún jugador se ligaba una patada en la canilla cuando no había ningún adversario cerca.

Unos cuantos pelados se quejaron de que una voz salida de no se sabía donde, los cargaba y les preguntaba que marca de shampoo usaban.

Alguna vieja ricachona denunció que algo o alguien invisible había pateado a su caniche mientras lo estaba paseando.

En una verdulería, los tomates empezaron a volar y a estrellarse en la cara de los clientes.

Hubo muchos otros sucesos parecidos que hicieron que durante esa semana en el barrio la gente estuviera aterrada y que solo se explicaban si aceptábamos que la fórmula de Fragapane funcionaba, y que alguien la tenía. La situacón exigía una investigación profunda. Volvimos a la pizzería donde se había perdido la libreta de apuntes, y nos enteramos que el mozo que había atendido a Fragapane dejó el trabajo dos días más tarde. Desapareció sin dejar rastros.

Como estaba empleado en negro y solamente hacía tres meses que trabajaba ahí el pizzero no sabía su dirección, ni su apellido. Le decían Tito y era, según palabras de su patrón, un jodón bárbaro que se las pasaba haciéndoles bromas pesadas a los otros empleados. Lo llamamos a Fragapane para ponerlo al tanto de nuestras pesquisas, y el tipo nos dijo que la fórmula tenía ingredientes sencillos y era fácil de preparar, pero por más que trataba no podía recordar su composición. Lo que sí se acordaba, era que el componente principal del antídoto era el Pineral, por increíble que parezca.

-Pero eso es un aperitivo que no existe más, comisario!

-Sí, ya en esa época no se conseguía. Fragapane tenía un par de botellas en su laboratorio. Las requisamos, y empezamos a investigar qué boliche tenía todavía una botella de Pineral. El hombre invisible la iba a necesitar, tarde o temprano. Ser invisible siempre, tiene sus inconvenientes. Encontramos en toda la ciudad solo cuatro bares que tenían alguna botella de Pineral olvidada en una estantería. Las requisamos también, salvo en un boliche donde hablamos con el gallego que era propietario y le explicamos la situación. Pusimos un agente de civil a vigilar la zona. A los tres días, se apareció un tipo todo vendado, con sombrero, lentes negros y sobretodo y con las manos enguantadas, y le dijo al bolichero que quería comprar la botella. El gallego le dio charla, mientras le hacía una seña al policía de civil que estaba afuera. El hombre invisible se dio cuenta de la maniobra, y trató de darse a la fuga.

-Y lo agarraron?

-Como en la novela del hombre invisible, el tipo trató de sacarse toda la ropa antes de que nuestro hombre lo pudiera sujetar. Desnudo, no hubiera sido posble verlo para atraparlo. Por suerte, el policía fue mas rápido y lo alcanzó a esposar. Lo arrestaron y en un bolsillo de su piloto encontraron la famosa libreta con la fórmula.

-Y que pasó después?

-Fragapane preparó el antídoto y se lo dio a tomar. Después, destruyó la libreta, porque se dio cuenta de lo peligrosa que era. Lo más interesante de todo es que él nos dijo que solo el Pineral funcionaba para el antídoto. Cada aperitivo tiene su mezcla de yuyos, y no hay dos iguales. Me dijo que ni él mismo sabía por qué tenía que ser Pineral, y que lo había descubierto por casualidad.

-Y con el hombre invisible, qué hicieron?

-Lo tuvimos un mes preso, y lo largamos. Las molestias que ocasionó no fueron tan graves si pensamos en los desastres que podría haber hecho.

-O sea, que la fórmula se perdió para siempre, comisario?

-Sí, y fue una suerte. Ese Fragapane sería un desastre como inventor, pero esa vez tuvo una toqque de genio. Imagínese lo que haría un genio criminal con esa fórmula. Podría construir un ejército de soldados invisibles, aterrorizar el planeta, entrar en cualquier sitio sin ser detectado. La sacamos barata, Leguizamón, y todo porque en vez de ser un genio del mal, ese Tito era solamente un boludo alegre.

Autor: gustavo.

buenas tardes.

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6 comentarios:

A las 8 de febrero de 2010, 22:50 , Anonymous Anónimo ha dicho...

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A las 9 de febrero de 2010, 9:01 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Otra vez este tipo!!

si sigue cayendo, voy a poner el "Catcha"!!!

El cuento, increìble de bueno, gus.

 
A las 9 de febrero de 2010, 14:23 , Blogger Opin ha dicho...

Yo lo vi a ese tipo ¡¡

Me acuerdo patente. Yo había comido un choripán y él una pata de pollo.

La gente se daba vuelta para ver pasar la pata de pollo flotante.

Muy bueno Gustavo. Un abrazo

 
A las 10 de febrero de 2010, 9:27 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

jajaja!!! Y el pedazo que tragaba....desaparecìa?

Eso siempre me dio curiosidad.

Saludos

 
A las 10 de febrero de 2010, 13:52 , Blogger gustavo ha dicho...

Si no me acuerdo mal, el hombre invisible de H.G. Wells tenía que hacer ayuno para que no lo vieran.
Tengo una duda: ese gringo atorramte que nos quiere sacar guita, de dónde salió?

 
A las 11 de febrero de 2010, 8:46 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

No sè, gustavo. En el mìo tambièn aparece. Y me aparece un anuncio de un Banco, tambièn.

Es que ya somos famosos, che.

 

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