lunes, 22 de marzo de 2010

DON OBDULIO



Hombre de respeto.


Un día fui a comprar masilla al corralón. Don Obdulio estaba solo, tomando mate. Sus hijos había ido con la chata a comprar material.Nos pusimos a conversar, y yo le dije que me gustaría saber algo más de su vida. Le dije abiertamente que me parecía difícil de creer que alguien tan amable hubiera tenido un pasado tan feroz.



Don Obdulio Terrada era el dueño del corralón del barrio. Además, la gente lo miraba con una mezcla de respeto y miedo, porque era, ya superados los setenta años un hombre con un pasado memorable. Se decía que había participado en heroicos duelos a cuchillo y con arma de fuego, y había sido la mano derecha de un legendario caudillo de la zona. Mientras la mayoría de los compadritos de su época habían muerto en esquinas oscuras, o consumidos por la cirrosis a edad temprana, don Obdulio se había sustraído a ese destino y había prosperado.


En el barrio se decía que era porque seguramente había sido el más guapo de todos los guapos.

Me dijo que tenía ganas de contarle a alguien como fueron las cosas en realidad, porque toda su vida había sido un malentendido. Ni su familia se animaba a preguntarle de su pasado, según sus propias palabras. Se apresuró a aclarar que nunca hubiera creído de chico que fuera a terminar convirtiéndose en un guapo temido. Me pidió, eso sí, que no escribiera nada de lo que iba a contarme mientras él estuviera con vida. Después, me dijo, poco podría importar.


Nací en Olavarría-empezó por aclararme-y soy el menor de dos hermanos. Mi hermano se fue a Mendoza cuando mis padres murieron, y yo me quedé en el pueblo, trabajando en el campo. Siempre había sido sano como un roble de chico,pero recién había cumplido los veinte, cuando me empecé a sentir mal. Tenía fiebre, dolores en las coyunturas, no podia comer y sudaba mucho. Fui a ver al medico del pueblo,que tenía fama de ser bueno. Me revisó, y me dijo que me iba a morir, nomás. Que no había nada que hacer, y lo peor, que iba a sufrir mucho, porque la enfermedad era dolorosa. Dijo algo de un tumor. Le cuento que el medico hace mucho ya que se murió, y yo sigo acá.


El asunto es que estuve pensando la cosa, y lo de morirme no me gustaba, pero eso de sufrir, menos. No se lo conté a nadie para no andar dando lástima y fui a un boliche, a quemarme un poco por dentro con unas ginebras. Yo no tenía costumbre porque casi no tomaba, de una vez que me emborraché mal. El asunto es que empecé a tomar una copa atrás de la otra. El bolichero me preguntó qué me pasaba, porque sabía que yo no tenía el vicio, pero yo le dije que siguiera sirviendo, nomás. La cosa es que entró al boliche un tal Varela, uno que tenía fama de malo y en el pago todos lo esquivaban, porque ya había matado a dos peleándolos con el facón. Como me vió tan mamado que me tenía que agarrar al mostrador, me quiso sobrar y dijo algo.


No me acuerdo bien, pero fue algo de que el alcohol era para hombres. Yo, según me contaron después, le dije que era más hombre que él. Se me acercó, y yo lo empujé. Como se dará cuenta, ahí no había vuelta atrás. Me dijo de salir, y aunque los del boliche quisieron convencerlo de que yo no sabía lo que hacía, la verdad es que me tenía que hacer cargo. Un hombre siempre se tiene que hacer cargo de lo que dice, por borracho que esté. Lo único que me faltaba, que tuvieran que salvarme! Además, mejor morir en un duelo que sufriendo como un perro, pensé. Uno me prestó un cuchillo, porque yo ni tenía, y salimos para afuera, al campito que había enfrente.



Yo nunca había peleado, pero había visto dos o tres duelos, porque entonces había peleas seguido por cualquier pavada. Empezamos a vistearnos, y yo hacía lo que podia. No me va a creer, pero en eso pisé un charco y resbalé. No se ni como me moví, pero parece que para no caerme debo haber movido el cuerpo medio raro, y estiré el brazo con el cuchillo y el otro se desorientó. Cuando me quise acordar, lo tenía ensartado y pataleando.


Me dijeron que mejor me fuera del pago, por si el muerto tenía amigos, pero yo dije que no. Para qué, pensé, si el doctor ya me había dicho que me iba a morir! Mejor morirse en el pueblo de uno, pensé. El comisario dijo que fue un duelo justo, y me soltó enseguida.


A la semana se me apareció al boliche a buscarme uno, que se hacía el taura y se enteró de que yo lo había madrugado a Varela y quería hacerse un nombre a costa mía. Me empezó a provocar, y yo me dije “bueno, capaz que con éste tengo más suerte, y me despacha”, asi que le acepté el desafío, nomás. Pero por más que uno quiera morirse, hay algo que hace que uno se defienda, vea. Como instinto, que le dicen. Esa vez, peleamos en la puerta del boliche.


Estaba oscuro, y no se veía casi nada, porque ni luna había. La única luz, era del farol a querosén que estaba en el mostrador del boliche. Así oscuro, hay que moverse sobre seguro, asi que ninguno de los dos arriesgaba mucho. No me va a creer, pero de golpe un lechuzón salió volando de no sé donde y casi le pega en la cara al otro.


El hombre se asustó, y se movió para adelante. Fue casi como si él se hubiese clavado solo, vea.


Con dos muertos a cuestas, la gente me empezó a respetar como si yo fuera un guapo bárbaro. Lo mejor de todo, es que ya me sentía mejor, y hasta estaba engordando de nuevo. Ahí me dí cuenta de que el doctor por ahí se había equivocado y no me iba a morir nada. Entonces pensé en venirme para Buenos Aires donde no me conocieran, porque no tenía ganas de que venga otro a buscarme al pago para pelearme, ahora que ya no me quería hacer matar.


Y así fue que me vine para acá, y conseguí un trabajo en el Mercado Central. Al principio venía todo bien, pero después me persiguió el destino. Uno de Olavarría, que me conocía, también se vino para acá y consiguió trabajo ahí mismo, y se encontró conmigo, y le contó a algunos que yo era un cuchillero. Se corrió la bola, y otro pendenciero, un tal Barroso, me vino a buscar. Era el matón del lugar, y todos le tenían miedo. Me dijo, delante de todos, que me esperaba cualquier noche en la esquina donde siempre paraba, si me animaba.


El hombre era peligroso, y yo estaba asustado, vea. Estuve cavilando todo el día, y pensé que lo mejor que podia hacer era tratar de hacerme amigo y explicarle la cosa, que yo no quería pelear ni era guapo ni nada, y que todo había sido un malentendido.


Esa misma noche, salí a buscarlo a la esquina donde siempre se paraba.. Lo encontré. Estaba boqueando despatarrado con un cuchillo clavado en el pecho. El hombre tenía muchos enemigos. Raro, que el que lo había matado ni la daga se había llevado. Me agaché a ver si lo podia ayudar, y traté de sacarle el cuchillo. Estaba en eso, cuando apareció un policía en la calle. Yo, con el susto, me escapé con el cuchillo en la mano.


No alcanzó a verme la cara y con la neblina me escabullí y tire el facón por ahí, pero desde un zaguán alguien me habia visto corriendo con el cuchillo, y me reconoció.


Como el muerto tenía tantos enemigos no era fácil encontrar al que lo mató, pero la gente empezó a decir que había sido yo. El asunto es que la bola se empezó a correr, y a los pocos días la policía me vino a buscar. Me llevaron a la comisaría, y me pasé la noche en el calabozo. Al día siguiente me sacaron de la celda y pensé que me iban a interrogar, pero había un abogado esperándome, que me sacó y me dijo que tenía que ir con él, que había alguien que me había hecho el favor de limpiarme el prontuario y quería hablar conmigo.


Me llevó a una casona en Belgrano.


Ahí lo conocí al doctor Herrera, que era hombre de prestigio y estaba en la política. El doctor me explicó que era una suerte que yo hubiera liquidado a Barroso. Barroso, me dijo, era un sicario de la oposición. Me dijo que él me había hecho un favor a mí, porque si no me sacaba me iban a dar por lo menos veinte años en Ushuaia.


Y me ofreció trabajar para él. Un hombre público siempre necesita gente que le cuide las espaldas, me dijo. Después me enteré que el hombre de confianza de él estaba muy enfermo y ya no podia seguir, asi que el puesto estaba vacante. El hombre se había ido a morir a Córdoba, porque la tisis lo estaba comiendo vivo.


Así me convertí en el guardaespaldas del doctor Herrera. No quería, pero, con la policía atrás, mejor tener un jefe importante, pensé. Me dieron un chumbo. Yo nunca había tirado, asi que me fui a un descampado a practicar un poco, por si tenía que usarlo. La verdad, que puntería nunca tuve.


Al año siguiente hubo elecciones, y yo tuve que dormir con un ojo abierto, porque la cosa venía brava. Los del otro partido nos emboscaron una noche cuando el doctor bajaba del auto para hablar en un acto. Era un matón que habían traído de Rosario los de la oposición. Cuando el doctor bajó del coche, conmigo atrás, alcancé a ver una sombra en la vereda de enfrente del comité. Lo empujé al doctor adentro del auto, y por las dudas, saqué el arma.


Nunca le había disparado a un hombre, y me temblaban las manos cuando saqué el chumbo. Tanto, que se me cayó al suelo y se disparó solo. El doctor no se dió cuenta, porque estaba de espaldas, tratando de entrar de nuevo al coche. El asunto es que alcancé a levantar el arma, pero cuando miré para enfrente, el otro tipo ya había caído. La bala le pegó en la frente, de pura casualidad. Si hubiera querido darle tan justo no me hubiera salido, vea.


Después, dos por tres había trifulcas y se tiraban unos tiros al aire, pero era más teatro que otra cosa, salvo una vez que los de la contra me quisieron hacer la boleta. Iba caminando y se me aparece enfrente escudado en una ochava un tipo con un chumbo. Me tiró, y la bala me pasó al lado de la oreja. Yo pelé el mío, muerto de miedo, porque estaba en descampado. No me va a creer, pero en el apuro tiré a cualquier lado, y la bala pegó en un farol, rebotó y le dió en el cuello al otro. Cuando me acerqué a revisarlo al muerto me di cuenta de que después del primer tiro se le había trabado el arma.


Así me hice famoso en esa época. Después, por suerte, las cosas se calmaron y nadie se me animaba, asi que no tuve que hacer mucho para hacer valer mi nombre. Seguí viviendo de mi fama de guapo y trabajando para el doctor hasta que se murió.Al final me casé, puse el corralón y me hice un hombre de familia. Será mi destino, nomás, haber sido un cobarde y que nadie se haya dado cuenta.




Autor: Gustavo.


Buenas tardes.

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lunes, 15 de marzo de 2010

LA CONSPIRACIÒN.





Accidentes sospechosos.


Los muchachos estaban ahí, tomando algo como de costumbre. Faltaban Súper y la Mosca, nada más. La conversación derivo para el lado de los tomates, como siempre. Dos minutos antes estaban hablando de la soja transgénica y de pronto sin saber cómo pasaron a discutir las teorías de las conspiraciones.

-Qué quieren que les diga-opinó el Yara-para mí esas son todas giladas. La conspiración sionista, las bandas que te secuestran para afanarte los órganos, la sinarquía, el pacto militar-sindical, los francmasones, el grupo Bilderberg, el SIDA desarrollado por los yanquis para matar negros, la cama que le hicieron a Maradona los de la FIFA en el Mundial del 94, el OVNI de Roswell, todo...basta, viejo. Ahora cualquiera cree que hay conspiraciones por todos lados.

-Y a vos te parece que no hay complots?-preguntó parsimonioso el gordo Michelín (sería oportuno aclarar de paso que el gordo no se apellida de ese modo, pero su sobrepeso le hace cargar el apodo desde pibe, por su parecido con la mascota de la fábrica de neumáticos).

-Seguro que no, gordo. Todo tiene una explicación lógica, pero lo que pasa es que la gente no quiere buscarla. Les parece más fácil entrar a pensar pavadas. Supersiticiones, mitos urbanos son todas esas cosas, y nada más que eso. Antes, en la Edad Media, la gente creía en las brujas, y ahora creemos en otras giladas, pero igual sin fundamento.

-O sea que para vos todo lo que pasa tiene explicaciones sencillas?-lo interpeló Germán, el escritor frustrado del grupo.

-Seguro, lo que pasa es que hoy la gente no quiere usar el sentido común, porque para que...esperá un cacho que me están llamando-dijo el Yara mientras acercaba el celular a su oído- Hola, sí, en el bar con los much...qué?...Pero, se hizo algo?....Bueno, gracias a Dios. Y cómo lo agarraron?.. Ah, menos mal, en el lado de la puerta derecha, fue...Y el auto como quedó?..Bueh, eso es lo de menos. .Pero está bien, seguro? Bueno, en seguida voy para allá.

-Pasó algo?-preguntó Ernesto.

-Era mi vieja. Lo chocaron a mi viejo. Iba manejando solo. De pedo no se hizo nada. Ni un moretón, gracias a Dios. Un camión se le tiró encima en una bocacalle. Por suerte no lo agarró del lado del conductor. Se pegó un cagazo bárbaro, pero nada más. Lo que sí, el Gordini ese que tiene, no sirve más.

-Desgracia con suerte- dijo como para sí Germán.

-Sí; pero yo querría saber quién está atrás de todo esto. Nadie hace nada, loco-murmuró apreztando los dientes el Yara.

-Nadie hace nada, de qué?-preguntó Michelín confundido.

-Claro, viejo. Acá hay algo raro. Esas cosas no son accidentes. Hay algunos tipos que se dedican a propósito a producir accidentes, y me gustaría saber por qué. Alguna mano rara hay acá. Lo de mi viejo no es un caso aislado.

--Disculpame, pero no te entiendo-dijo con suavidad Ernesto-. Vos sabés que yo a tu viejo lo aprecio, pero, bueno...es grande. Ya tiene 78 pirulos y de los reflejos no anda muy bien que digamos. Por ahí ya no está para manejar. Además, el Gordini ese que tiene desde que éramos pibes tampoco es un auto muy seguro. No sé, pero me parece que por ahí él no vio el camión y se mandó mal en la bocacalle. O lo vio pero le fallaron los frenos. Digo...qué se yo.

-No, Erne, no. No me cierra lo que vos decís. El viejo está grande, ya sé, y el auto tampoco es un Rolls Royce, pero el viejo le dijo a la vieja que lo chocaron, entendés?. Que lo chocaron, no que chocó. No es lo mismo. Y mi viejo tendrá sus defectos, será cascarrabias, se pasará un poco con el vino a veces, pero nunca macanea-refutó el Yara agitando su índice como un orador en el estrado-. Y eso me hace suponer que acá hay algo raro.

-Bueno, pero un choque lo tiene cualquiera-dijo con aire conciliador Michelín.

-Un choque sí, pero saquemos cuentas. Parate a pensar y vas a ver lo que yo digo. A mi viejo lo chocaron. A tu jermu el verano pasado, también. Al primo de Ernesto, también. A Héctor, hace un tiempo, también.

-Y qué...?

-Como y qué...? No entendés, gordo? Los chocaron a todos! Ninguno chocó. Los chocaron. Miren, hagamos una cosa. Les propongo que me den un ejemplo, un solo ejemplo, de un tipo que haya tenido un accidente porque chocó, y no porque lo chocaron. Uno solo y me quedo conforme.

Se hicieron unos segundos de silencio, mientras todos los presentes rebuscaban infructuosamente en su memoria intentando satisfacer el pedido de Yara.

-Vieron lo que les decía? Acá hay algo raro! Si los choques fueran hechos normales digamos, la mitad de la gente te diría “choqué”, y la otra mitad te diría “me chocaron” al contar su accidente. Sin embargo, toda la gente que conocemos, gente normal, tipos, minas jóvenes, veteranos, todos fueron chocados. Está claro que esto no puede ser casualidad-dijo el Yara enfatizando la palabra “no”-. Alguien organiza estos choques.

-Pero a mí también me chocaron, hace un tiempo-dijo Germán- y el tipo que se me cruzó era un coso totalmente normal. Boludo, pero normal.

-Parecen normales. Se hacen pasar por normales. Pero a mí no me la venden-dijo el Yara dando una palmada en la mesa-. Esos tipos traman algo.

-Y a vos qué te parece que puede ser?-preguntó asombrado Ernesto.

-Hay dos posibilidades. Una: son una secta peligrosa de sociópatas. Locos violentos que parecen normales pero descargan su agresividad causando accidentes. Capaz que hasta se comunican entre ellos, sin que nosostros lo sepamos. Segunda opción: son una manga de inescrupulosos que provocan accidentes porque tienen un arreglo con los que siempre salen ganando cuando estas cosas suceden.

-Los médicos-dijo el gordo.

-No, gil. Los chapistas. Sin choques, estos tipos se quedarían sin laburo. Ahora, si yo soy chapista y no tengo moral y sé que en el barrio hay algún loquito al que le gsuta la violencia, le puedo tirar unos mangos para que choque a alguno, y, con un poco de suerte, me toca la reparación. Por ahí, hasta arreglan a comisión, quién te dice. Eso sería más factible. Si la víctima cae a mi taller, garpo, y si va a otro taller, no pago un mango al que causó el choque. Piénsenlo, y van a ver que lo que yo digo tiene su lógica. Y ahora me voy a ver a mi viejo. Chau, muchachos-se despidió el Yara.

Aunque los presentes en la mesa no lo podían afirmar con certeza, sospecharon que ese día habían sido testigos del nacimiento de la creencia popular en la existencia de otra conspiración.

Autor: gustavo.


Buenos dìas.

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lunes, 8 de marzo de 2010

LAS IDEAS DE KRUK.




Un adelantado.

Mientras contemplaba la planicie helada y el lento deshielo de los glaciares, Grok, el jefe del clan, decidió que ya era hora de ver como marchaban los preparativos para la cacería que todos los hombres iban a realizar no bien llegara la primavera.

Encaminó sus pasos hacia el fondo de la cueva, donde Kruk, un joven aprendiz, debía estar pintando los animales y las escenas de caza. Este ritual era indispensable antes de cada cacería, porque atraía la atención de los dioses y ayudaba a proporcionar presas abundantes.

Hasta la primavera anterior, Prug, el artista del clan, se había encargado de hacerlo, pero este invierno la artritis le dificultaba mover sus manos.

Grok echó una mirada crítica al trabajo de Kruk, que abstraido no advirtió su proximidad, y el asombro lo invadió.-Kruk, esto no se parece a una escena de cacería.

Qué son esas figuras de hombres con plantas en la mano?

-Es una idea mía, Grok. Ves? Aquí, los hombres hacen agujeros en la tierra, y ponen semillas dentro. Estas mujeres, están cortando las plantas cuando crecen, para sacar las semillas, entiendes?

-Hm...y cómo saben que las plantas van a crecer?

-Aquí está. Estos hombres están haciendo un canal en la tierra, para llevar agua del río para las plantas. Es una idea nueva. Se llama canalización.

-Pero para qué, si siempre recolectamos las semillas que encontramos?

-Bueno, podremos tener más alimento si nosotros cuidamos de las plantas.

-Y qué hace ese hombre sentado en un caballo, arrastrando esa cosa cuadrada, sobre dos cosas redondas?

-Estuve pensando que podemos usar los caballos para viajar sobre ellos, si los criamos y entrenamos cuando todavía son potrillos. Se viajaría más rápido. Y lo que hay ahí atrás, es para llevar cargas. Se llama carro. Las cosas esas redondas, como dos soles, se llaman ruedas. Son para que el carro se mueva.

-Kruk,-dijo Grok, cuyo rostro empezaba a enrojecerse visiblemente- puedes decirme que es esa cosa larga, con fuego abajo, y que echa humo, que dibujaste allí, y esos hombres moliendo rocas?

-No son rocas comunes. Son de las que brillas, Grok. Son más duras. Esa cosa que larga humo es una especie de ...horno, eso un horno, pero alto. Se ponen las rocas molidas allí, y lo que sale después de que se queman es la parte brillante, el metal.

-Metal? Para qué queremos esa porquería?

-Porque le podemos dar forma, Grok, y hacer herramientas más duras. Piensa en todo lo que se podría...

-Basta de idioteces- dijo Grok, tomando a Kruk por el cuello -o te aplasto el cráneo. Desde que tengo memoria, nuestro clan ha sobrevivido sin necesidad de todas esas porquerías. Así era en tiempo de nuestros antepasados, y así va a continuar mientras yo sea el jefe de este clan. Y ahora, escúchame bien: quiero que borres toda esa basura, y pintes una linda escena de caza, con muchos mamuts, bisontes lanudos, y sangre, y lanzas. Entendido?

Bajando prudentemente la vista, Kruk asintió con un movimiento de cabeza. Mientras Grok se alejaba con gesto torvo, Kruk lamentó no haber podido hablarle de la otra idea que se le había ocurrido. Eso de que, quizás, todo lo que vemos; las rocas, los animales, nosotros mismos, estamos compuestos de partículas que no podemos ver, y que alguna fuerza debe hacer que se mantengan unidas.

Kruk se preguntaba que pasaría si esas partículas se separaran, o se rompieran.

Habría algo, una explosión, fuego...? Se podría usar esa fuerza para algo? El problema conmigo, se dijo Kruk, es que quizás nací demasiado temprano.


Autor: Gustavo.


Buenas tardes.

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lunes, 1 de marzo de 2010

EL HOMBRE DE PILTDOWN. UN FAMOSO FRAUDE.




El Hombre de Piltdown es una de las más célebres falsificaciones en la historia de la Ciencia, y el fraude por excelencia en el campo de la Paleoantropología. En el pueblo de Piltdown, en Sussex, un arqueólogo aficionado, el abogado Charles Dawson recogió un fragmento de cráneo de interesantes características, luego de que un trabajador del lugar le hiciera llegar un trozo de parietal que había extraído del sitio.

Dawson se puso en contacto con el eminente paleontólogo Arthur Smith Woodward, y juntos en 1912 encontraron en el sitio más restos del cráneo y fragmentos de mandíbula, además de utensilios de piedra y fósiles animales. Ese año el cráneo reconstruido fue presentado en la Sociedad Geológica de Londres con el colorido nombre de Eoanthropus dawsonii (Hombre de la aurora de Dawson).

El espécimen combinaba un cráneo humano, aunque de reducida capacidad con una mandíbula de características simiescas. El anatomista Sir Arthur Keith objetó la reconstrucción, y efectuó otra, que parecía indicar una capacidad craneana similar a la del hombre moderno.

La prensa británica estaba encantada: el más antiguo antepasado del hombre, el eslabón perdido...era inglés!!! Por supuesto, este hecho encajaba perfectamente con la pretendida superioridad británica y justificaba el derecho del Imperio Británico de "civilizar" a todo el mundo, aún contra la voluntad de los pueblos. Además, los franceses ya tenían su hombre de Cro-Magnon, y los alemanes sus fósiles de Neandertal, de modo que Inglaterra los superaba ahora ampliamente exhibiendo al tatata-tataraabuelo de todos esos galos y germanos.

Todo cerraba perfectamente, especialmente teniendo en cuenta que, cuando a fines del siglo XIX Eugene Dubois reportó el descubrimiento de un antepasado muy remoto del hombre en Asia (el Hombre de Java), absolutamente nadie le creyó. Tan feroces fueron las críticas, que Dubois terminó escondiendo su fósil en una caja, bajo el piso de madera de su casa, y decidió no exhibirlo nunca más.

Así las cosas, nuevas expediciones en el área, arrojaron nuevos fragmentos fósiles, entre otros un diente con interesantes características simiescas, que encajaba en la mandíbula.

Lamentablemente, la parte de la mandíbula que se articulaba con el cráneo, estaba rota y faltaba, pero ese fue considerado un detalle menor.

El problema, es que tiempo después (en la década de 1920) llegaron noticias del descubrimiento en Sudáfrica de los Australopithecus, antepasados del hombre en los que se advertía que la mandíbula y los dientes se hacían "humanos" más rápido que el cráneo (acepten ésto como solo como una simplificación para tratar de describir un fenómeno complejo).

En el hombre de Piltdown, las cosas eran a la inversa: mandíbula más simiesca, y cráneo más humano. Por supuesto, los paleoantropólogos británicos negaron que los fósiles sudafricanos fueran algún antepasado del hombre....si hasta Woodward había escrito un libro que se llamaba El Primer Inglés!!!.

A medida que nuevos descubrimientos se hacían en todo el mundo, se volvía más y más evidente que el hombre de Piltdown no encajaba en ninguna parte. Para empeorar las cosas, un dentista que había descubierto fósiles humanos en Swanscombe, Alvan Marston, sostenía con fundamento que los dientes y la mandíbula eran de un simio.

Si bien no era un paloeantropólogo, hay que reconocer que Marston, de dientes sabía mucho. En 1936 sugirió, además, que el color chocolate de la mandibula se debía no a depósito de sales de hierro, sino a tratamiento deliberado con bicromato.

Otros análisis revelaron que los dientes eran de un chimpancé y habían sido limados, y posteriormente el nuevo método de datación por fluor indicó que los fragmentos óseos eran mucho más recientes de los 500.000 años que se les atribuyeron inicialmente. Para colmo, la mandíbula era mucho más reciente que el cráneo y pertenecía a un orangután. Los utensilios de piedra, eran americanos.

En 1953, finalmente, se reconoció oficialmente que se trataba de un caso de fraude.

Nunca se sabrá quién fue el autor de una falsificación tan compleja.

Dawson, buscando fama? Algún rival de Woodward, tartando de ponerlo en ridículo? Theillard de Chardín, el jesuíta evolucionista que estuvo involucrado en el descubrimiento, tratando de hacer una broma que se fue de cauce? Hay una numerosa lista de sospechosos, pero ningún culpable seguro. O tal vez sì: el primer culpable es el prejuicio de un grupo de cientificos que vieron en el Hombre de Piltdown solo lo que ellos querían ver, y lo que se ajustaba a sus preconceptos sobre la superioridad de ciertas razas...


Autor: gustavo

Buenos dìas.

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