lunes, 15 de marzo de 2010

LA CONSPIRACIÒN.





Accidentes sospechosos.


Los muchachos estaban ahí, tomando algo como de costumbre. Faltaban Súper y la Mosca, nada más. La conversación derivo para el lado de los tomates, como siempre. Dos minutos antes estaban hablando de la soja transgénica y de pronto sin saber cómo pasaron a discutir las teorías de las conspiraciones.

-Qué quieren que les diga-opinó el Yara-para mí esas son todas giladas. La conspiración sionista, las bandas que te secuestran para afanarte los órganos, la sinarquía, el pacto militar-sindical, los francmasones, el grupo Bilderberg, el SIDA desarrollado por los yanquis para matar negros, la cama que le hicieron a Maradona los de la FIFA en el Mundial del 94, el OVNI de Roswell, todo...basta, viejo. Ahora cualquiera cree que hay conspiraciones por todos lados.

-Y a vos te parece que no hay complots?-preguntó parsimonioso el gordo Michelín (sería oportuno aclarar de paso que el gordo no se apellida de ese modo, pero su sobrepeso le hace cargar el apodo desde pibe, por su parecido con la mascota de la fábrica de neumáticos).

-Seguro que no, gordo. Todo tiene una explicación lógica, pero lo que pasa es que la gente no quiere buscarla. Les parece más fácil entrar a pensar pavadas. Supersiticiones, mitos urbanos son todas esas cosas, y nada más que eso. Antes, en la Edad Media, la gente creía en las brujas, y ahora creemos en otras giladas, pero igual sin fundamento.

-O sea que para vos todo lo que pasa tiene explicaciones sencillas?-lo interpeló Germán, el escritor frustrado del grupo.

-Seguro, lo que pasa es que hoy la gente no quiere usar el sentido común, porque para que...esperá un cacho que me están llamando-dijo el Yara mientras acercaba el celular a su oído- Hola, sí, en el bar con los much...qué?...Pero, se hizo algo?....Bueno, gracias a Dios. Y cómo lo agarraron?.. Ah, menos mal, en el lado de la puerta derecha, fue...Y el auto como quedó?..Bueh, eso es lo de menos. .Pero está bien, seguro? Bueno, en seguida voy para allá.

-Pasó algo?-preguntó Ernesto.

-Era mi vieja. Lo chocaron a mi viejo. Iba manejando solo. De pedo no se hizo nada. Ni un moretón, gracias a Dios. Un camión se le tiró encima en una bocacalle. Por suerte no lo agarró del lado del conductor. Se pegó un cagazo bárbaro, pero nada más. Lo que sí, el Gordini ese que tiene, no sirve más.

-Desgracia con suerte- dijo como para sí Germán.

-Sí; pero yo querría saber quién está atrás de todo esto. Nadie hace nada, loco-murmuró apreztando los dientes el Yara.

-Nadie hace nada, de qué?-preguntó Michelín confundido.

-Claro, viejo. Acá hay algo raro. Esas cosas no son accidentes. Hay algunos tipos que se dedican a propósito a producir accidentes, y me gustaría saber por qué. Alguna mano rara hay acá. Lo de mi viejo no es un caso aislado.

--Disculpame, pero no te entiendo-dijo con suavidad Ernesto-. Vos sabés que yo a tu viejo lo aprecio, pero, bueno...es grande. Ya tiene 78 pirulos y de los reflejos no anda muy bien que digamos. Por ahí ya no está para manejar. Además, el Gordini ese que tiene desde que éramos pibes tampoco es un auto muy seguro. No sé, pero me parece que por ahí él no vio el camión y se mandó mal en la bocacalle. O lo vio pero le fallaron los frenos. Digo...qué se yo.

-No, Erne, no. No me cierra lo que vos decís. El viejo está grande, ya sé, y el auto tampoco es un Rolls Royce, pero el viejo le dijo a la vieja que lo chocaron, entendés?. Que lo chocaron, no que chocó. No es lo mismo. Y mi viejo tendrá sus defectos, será cascarrabias, se pasará un poco con el vino a veces, pero nunca macanea-refutó el Yara agitando su índice como un orador en el estrado-. Y eso me hace suponer que acá hay algo raro.

-Bueno, pero un choque lo tiene cualquiera-dijo con aire conciliador Michelín.

-Un choque sí, pero saquemos cuentas. Parate a pensar y vas a ver lo que yo digo. A mi viejo lo chocaron. A tu jermu el verano pasado, también. Al primo de Ernesto, también. A Héctor, hace un tiempo, también.

-Y qué...?

-Como y qué...? No entendés, gordo? Los chocaron a todos! Ninguno chocó. Los chocaron. Miren, hagamos una cosa. Les propongo que me den un ejemplo, un solo ejemplo, de un tipo que haya tenido un accidente porque chocó, y no porque lo chocaron. Uno solo y me quedo conforme.

Se hicieron unos segundos de silencio, mientras todos los presentes rebuscaban infructuosamente en su memoria intentando satisfacer el pedido de Yara.

-Vieron lo que les decía? Acá hay algo raro! Si los choques fueran hechos normales digamos, la mitad de la gente te diría “choqué”, y la otra mitad te diría “me chocaron” al contar su accidente. Sin embargo, toda la gente que conocemos, gente normal, tipos, minas jóvenes, veteranos, todos fueron chocados. Está claro que esto no puede ser casualidad-dijo el Yara enfatizando la palabra “no”-. Alguien organiza estos choques.

-Pero a mí también me chocaron, hace un tiempo-dijo Germán- y el tipo que se me cruzó era un coso totalmente normal. Boludo, pero normal.

-Parecen normales. Se hacen pasar por normales. Pero a mí no me la venden-dijo el Yara dando una palmada en la mesa-. Esos tipos traman algo.

-Y a vos qué te parece que puede ser?-preguntó asombrado Ernesto.

-Hay dos posibilidades. Una: son una secta peligrosa de sociópatas. Locos violentos que parecen normales pero descargan su agresividad causando accidentes. Capaz que hasta se comunican entre ellos, sin que nosostros lo sepamos. Segunda opción: son una manga de inescrupulosos que provocan accidentes porque tienen un arreglo con los que siempre salen ganando cuando estas cosas suceden.

-Los médicos-dijo el gordo.

-No, gil. Los chapistas. Sin choques, estos tipos se quedarían sin laburo. Ahora, si yo soy chapista y no tengo moral y sé que en el barrio hay algún loquito al que le gsuta la violencia, le puedo tirar unos mangos para que choque a alguno, y, con un poco de suerte, me toca la reparación. Por ahí, hasta arreglan a comisión, quién te dice. Eso sería más factible. Si la víctima cae a mi taller, garpo, y si va a otro taller, no pago un mango al que causó el choque. Piénsenlo, y van a ver que lo que yo digo tiene su lógica. Y ahora me voy a ver a mi viejo. Chau, muchachos-se despidió el Yara.

Aunque los presentes en la mesa no lo podían afirmar con certeza, sospecharon que ese día habían sido testigos del nacimiento de la creencia popular en la existencia de otra conspiración.

Autor: gustavo.


Buenos dìas.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Etiquetas:

3 comentarios:

A las 16 de marzo de 2010, 0:10 , Blogger Opin ha dicho...

Gus. La realidad supera siempre a la ficción. Tal vez te interese leer esto:

http://www.infobae.com/notas/nota.php?Idx=278725&IdxSeccion=100799

Muy bueno tu relato.
Un abrazo

 
A las 16 de marzo de 2010, 2:26 , Blogger Opin ha dicho...

Perdón, tal vez no se entienda. Contrataba gente de las Villas para que se arrojaran frente a autos en movimiento y luego hacerle juicio al conductor. Con esa conspiración amasó su fortuna.
Bueno, lo que importa es que me gustó tu relato.
Taluego.

 
A las 16 de marzo de 2010, 9:04 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Lo de contratar gente para que se haga atropellar, es conocido.

A mì vecino, le contrataron un àrbol. vieras como le quedò el auto!!!

Saludos

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal