lunes, 26 de abril de 2010

EL ASADO


Que comìan, los antiguos?

Recordando que nuestro primer comentarista, mi gran amigo transandino Carlos Baeza Alarcón, nos preguntó hace ya algunos meses cómo se hace un buen asado, paso a explicarlo con lujo de detalles, especialmente teniendo en cuenta que en Chile, como en la Antártida, no hay vacas (realmente, el Gaucho Santillán sería más apropiado para esta tarea, pero está muy ocupado buscando agua, o sacando petróleo, eso no lo tengo muy claro).

Deben saber los lectores que un buen asado argentino, se hace con carne de vaca. Toda una serie de razones históricas sustentan este punto. En efecto, en la remota antigüedad, los paisanos se alimentaban con milanesas de soja, excepto los mazorqueros de Rosas, que, como es lógico, comían choclos. Esta dieta inapropiada para las tareas rurales obligó a buscar alimentos más sustanciosos, acordes con la difícil vida del gaucho. Como dijo un general de la guerra de la Triple Alianza: “ Si hubiéramos comido unos churrascos antes de la batalla, no habríamos perdido en Curupaytí“.

Los primeros asados experimentales se prepararon con carne de cuis, o de quirquincho, pero debido al escaso porte de estas bestias, el gobierno llamó a varios naturalistas a proponer un animal sustituto. Estos sabios, educados en la escuela de Cuvier, recomendaron el elefante, el hipopótamo o el rinoceronte. Solo cuando el Perito Moreno volvió de su viaje de exploración en la Patagonia con la infausta noticia de que ninguna de esas criaturas habitaba el territorio nacional, el gobierno decidió adoptar a la vaca como animal asable

De modo que, si Ud., estimado lector, desea hacer un asado, tiene primero que conseguirse una vaca. Puede comprarla, cazarla o robarla, que no vamos a andarnos con melindres a la hora de procurarnos el alimento. Si se decide a cazarla, le recordamos que la vaca, para ser tal, debe tener ubres. Si carece de ellas, pero tiene otra única particularidad anatómica colgando de su bajo vientre, es un novillo, y es también apropiado. Pero si el chizito del animal se encuentra asociado a dos formaciones ovoideas de considerables dimensiones, se trata de un toro. Aléjese con discreción, y, sobre todo, no se agache frente a la bestia.

Una vez en posesión de su vaca, se sugiere dejar reposar la carne. Animales sacrificados en condiciones de stress no son ideales para la ingesta, debido a la dureza de su carne. Recomendamos, por lo tanto, que lleve a la vaca a su casa por unos días, para que se relaje (la vaca, no usted). Si el animal sigue nervioso, antes de sacrificarla, emborráchela, o hágale fumar un porro. Mate a la vaca del modo más humano e incruento posible, pero no de hambre, porque la carne sale muy magra. Si la idea del crimen hace titubear su resolución, contrate un asesino a sueldo, o convenza a la vaca de que se suicide.

Una vez muerto el animal, proceda a faenarlo, usando las herramientas apropiadas (escalpelo, hacha y taladro neumático). Si sus conocimientos anatómicos son limitados, guíese por el Atlas de Anatomía Humana de Testut y Latarget. Recuerde que todos los cuadrúpedos tienen una similar disposición anatómica, a excepción de la presencia de una cola (los únicos mamíferos que la poseen son la vaca y la yarará). Para asar la carne, use leña o carbón, y evite el agregado de combustibles tales como fuego griego, napalm o nitroglicerina, que arrebatan la carne estropeando el sabor. Esperando que estos consejos les hayan sido útiles, me despido hasta la próxima.

Autor: Gustavo


Buenas tardes.

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lunes, 19 de abril de 2010

LA TEORÌA DE PROHASKA


Mejorando a Darwin.

El Profesor Vladimir Prohaska era el biólogo y teórico de la evolución más brillante de su generación. Dueño de un carácter afable, y una mente brillante, era asimismo reconocido por lo llano de su lenguaje fuera de los claustros de la universidad de Harvard.

En más de una ocasión, se oyó comentarle a alguno de sus distinguidos colegas: “No me cabe duda de que a Darwin se le escapó la tortuga, y omitió algún punto importante en su Teoría de la Evolución. Estoy tratando de encontrar la macana que se mandó.“

Cierta tarde de otoño, en 1997, el Profesor citó a su despacho a un selecto grupo de colegas y estudiantes, para decirles lo siguiente:

-Los reuní para decirles que finalmente encontré la pifiada que se mandó Darwin en su teoría. Publiqué un paper al respecto, pero ningún journal quiere publicarlo. Es una idea demasiado revolucionaria. De todos modos, hice copias para todos ustedes.

-Qué quiere decir con revolucionaria?-preguntó uno de los estudiantes.

-Todos sabemos que para Darwin, las especies evolucionan por medio de la selección natural y con ayuda de la selección sexual como motor adicional, para adaptarse al medio. Eso es una gilada, que está bien para las formas de vida inferiores, pero descubrí, tras analizar innumerables especies animales, que en los vertebrados hay un factor más importante, que decide la supervivencia o la extinción de la especie.

-Cual sería ese factor, Profesor?-preguntó un colega.

-Para decirlo claramente: la pelotudez promedio de los individuos de la especie. No es cierto que las especies se extingan cuando cambian las condiciones del medio, y no pueden adaptarse. No, no, eso es una idea equivocada. Lo que pasa, es que cuando ya están adaptados al medio en forma óptima, siguen evolucionando de puro boludos, y se desadaptan solos. Las bacterias, los insectos y otros seres inferiores, no se extinguen porque, pese a sus esfuerzos, no pueden ser más nabos de lo que son. Los vertebrados, en cambio, sí, y en el curso de las generaciones crecen desmesuradamente, o cambian su alimento habitual por porquerías que sus antepasados no habrían morfado nunca, o se extinguen porque se olvidan de fifar. El problema con los humanos, es más jodido, porque somos salames con tecnología, lo cual es una combinación muy peligrosa.

-Hay mediciones cuantitativas de sus afirmaciones, Profesor? –preguntó otro estudiante.

-Mi querido muchacho, yo nunca hablo al pedo. Desarrollé un modelo matemático sobre el tema, y en base a él hice correr una simulación en las supercomputadoras de la universidad. Mis resultados indican que, entre mediados de Enero y principios de Abril del 2003, la pelotudez acumulada por la especie será tan grande, que alguien se mandará un moco lo suficientemente importante como para acelerar la desaparición de la humanidad en unas décadas más. Por desgracia, no hay modo de identificar al nabo que va a armar semejante bolonqui.

Los integrantes de la reunión se dispersaron, cada uno con una copia del paper del Profesor Prohaska. Todos encontraron plausible la teoría, pero comprendieron que el establishment nunca permitiría su difusión.

De todos modos, cada uno de ellos recordó el vaticinio del Profesor cuando, en marzo del 2003, la Segunda Guerra del Golfo dió comienzo.

Pero no solo sus colegas entendieron de inmediato que esa era la confirmación irrefutable de la teoría de Prohaska. También un grupo de agentes de la CIA se apersonaron en la universidad el día que la invasión a Irak comenzó, para “hablar“ con el ilustre académico. Pero todo fue en vano. El Profesor había desaparecido, previsor, dos días atrás sin dejar rastros. Y es que Vladimir Prohaska no era ningún pelotudo.

Autor: gustavo


Buenas tardes.

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lunes, 12 de abril de 2010

LA MUELA DE DAGOBERT.



El conde Dagobert era temido en toda la comarca. No solo era rico, sino cruel, avaro y de mal talante, por lo que nadie osaba contradecirle.Una mañana despertó Dagobert con un fuerte dolor en su mejilla izquierda. Una de sus muelas se había infectado, por lo que envió a uno de sus siervos al pueblo a buscar a la vieja bruja que era la persona con más experiencia para resolver estos problemas.

La anciana, conducida a la recámara del conde, examinó la muela, aplicó un ungüento de hierbas desconocidas, extrajo la pieza infectada y le recomendó a Dagobert un tratamiento de compresas a base de las mismas hierbas,durante tres días. Dagobert debía limitarse en ese período a una dieta líquida. Satisfecho, Dagobert despidió a la bruja.

-Sire-dijo la anciana antes de retirarse-me debéis media corona.
-Bruja maldita, date por bien paga con el honor de haberme asistido-dijo Dagobert-y vete, antes de que te haga azotar.

La vieja se retiró apresuradamente, no sin antes mascullar unas palabras en un idioma desconocido para Dagobert y sus servidores.

Al anochecer del tercer día de compresas y riguroso ayuno, Dagobert se metió en su lecho esperando poder disfrutar al siguiente día de los numerosos manjares que guardaba su despensa. Pero a medianoche, un dolor penetrante le atenazó el carrillo impidiéndole dormir.Inspeccionando cuidadosamente su boca, encontró para su asombro que la muela todavía estaba allí. No cabía duda de que la anciana la había extirpado; él mismo la había visto. Era, pues un caso claro de brujería.

Dagobert mandó llamar a uno de sus criados, y le dijo:
-Ve a la cabaña de esa vieja maldita y tráela aquí sin demora. Se va a arrepentir de jugarme una mala pasada.

El criado regresó contrito dos horas después, diciendo que la choza de la vieja estaba abandonada. La bruja se había marchado llevándose todas sus pertenencias.

Enfurecido, Dagobert mandó llamar al barbero del pueblo, que, si bien no dominaba las artes mágicas como la vieja, en esta ocasión le sería útil. El buen hombre puso lo mejor de sí, y extirpó la muela. Esta vez, Dagobert le pagó una corona. No estaba de humor para regatear.
Dos día soportó el conde el dolor, y, al amanecer del tercero, cuando ya creía que lo peor había pasada, nuevamente éste se intensificó a un límite insoportable. Dagobert comprobó, para su consternación, que la muela había vuelto a aparecer.

Esta vez fue un médico, el que extrajo la pieza, para gran tormento de su paciente, y a cambio de cuatro coronas. Al día siguiente, la muela volvió a aparecer. Durante todo ese tiempo, el conde no había podido probar ningún alimento sólido, ni había disfrutado de una noche completa de descanso. Enloquecido por el dolor, hizo extirparse nuevamente la muela, solo para verla aparecer en su inflamada encía al cabo de unas pocas horas. Decidió soportar la tortura, pero flaqueó su resolución tras cinco días de sufrimientos. Una nueva extracción solo postergó la reaparición de la muela por una noche. Por fuerte que fuera la complexión de un hombre (y el conde era extremadamente robusto), ni el mismísimo Prometeo podría soportar semejante tortura.

En el curso de tres meses, Dagobert había hecho extraer su muela veintisiete veces, para verla aparecer siempre al cabo de una noche. Consumido por no poder probar bocado, y enloquecido de dolor, su vida era una constante tortura. Por eso, no le sorprendió a su ayuda de cámara, Arnulfo, cuando al entrar una mañana al aposento de su señor lo encontró colgando de una soga, que el mismo Dagobert había atado a su cuello.

Y es que las muelas, se dijo Arnulf, se parecen a las esposas: pueden ser por un cierto tiempo una parte de nosotros mismos, pero una vez que se alejan, es mejor que no vuelvan.


Autor: Gustavo.

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martes, 6 de abril de 2010

SATÀN ES PATADURA.

EL MISTERIO DE LA CANCHITA.



Siempre jugábamos al fútbol en el baldío que había enfrente del almacén de Sartori, hasta que alguien compró el lote y tuvimos que buscar otro lugar. No había muchas opciones, porque todos los baldíos habían desaparecido, salvo el lote que lindaba con el fondo del corralón. De pibes, habíamos oído cosas raras; los mayores nos decían que era mejor no pasar por ahí de noche, pero nunca, a ninguno de nosotros le habían dado una explicación valedera. Ahora, que ya no eramos pibes, sino muchachones, no íbamos a achicarnos por una cosa así, máxime cuando era el único lote libre que había en las inmediaciones. No íbamos a vagar como parias por barrios ajenos buscando una canchita, cuando teníamos una en nuestro territorio.

Asi fue que una tarde rumbeamos para allá, a jugar un partido. Antes de armar los equipos, se nos apareció un desconocido, que estaba por ahí, y nos pidió permiso para entrar a jugar. Como nos faltaba uno, le dijimos que sí, que no había problema. Cuando le preguntamos de donde venía porque nadie lo había visto antes por el barrio, nos indicó al oeste con un gesto impreciso, mientras nos decía "vengo de por allá".

Empezamos el partido, con el tipo jugando en mi mismo equipo. He visto jugadores de toda laya (yo mismo siempre fui apenas mediocre, para serles sincero), pero nunca ví un tronco así en mi vida. No tenía ni puta idea de como moverse en una cancha, y decir que era de un inútil, sería ser demasiado benévolo. Al fin del partido, el tipo se fue, y nuestro bando se quedó masticando la derrota, atribuida en nuestra unánime opinión a su opaca actuación. Curiosamente, ni el nombre nos quedó, porque, si bien se lo preguntamos antes de empezar a jugar, inexplicablemente después descubrimos que todos habíamos oído algo distinto.

La próxima vez que fuimos a jugar, él ya estaba ahí. Le dimos otra chance, pero la historia se repitió, y lo mismo sucedió una tercera ocasión. Lo raro era que solo aparecía en la cancha cuando decidíamos jugar, como si ya lo supiera de antemano, y era la única ocasión en la que se hacía ver.

La cuarta vez que se nos apareció, cortamos por lo sano, y no lo dejamos jugar. Le explicamos claramente que estábamos entrenando para un hexagonal interbarrial, y no podíamos tener semejante lastre en nuestra escuadra. Eramos firmes candidatos a ganar. Nos miró con desprecio, y se fue sin decir nada.

La tarde del primer partido del torneo, que era en otro barrio, el tipo ya estaba al costado de la cancha entre los espectadores esperando cuando llegamos. Perdimos por un gol tonto después de un par de rebotes improbables. No solo eso, sino que desperdiciamos cuatro penales, algo increíble. El siguiente partido, perdimos de vuelta, pero después de pelotear a nuestros rivales de un modo absoluto. El Batata, que llevaba nota de todas las acciones, contó diecisiete tiros nuestros en los postes, y ninguno entró. Los otros nos ganaron con su único ataque en todo el cotejo: un gol agónico en el último segundo. El tipo estaba también presenciando nuestra derrota.

La fecha siguiente, de vuelta algo inusual sucedió. Se nos lesionaron siete jugadores en el curso del partido. No teníamos tantos suplentes, nos quedamos en inferioridad de condiciones, y nos pasaron por encima.

El tipo, mirando nuestro fracaso. La semana siguiente, tuvimos otra actuación inexplicable; nos derrotaron seis a cero, con seis goles en contra! El coso, mientras tanto, se regodeaba en nuetra humillación. La fecha final, faltando cinco minutos íbamos cuatro a cero arriba y con el equipo rival con dos jugadores expulsados, pero de golpe, nos quedamos todos mudos, cuando nos mandaron cinco golazos, todos de media cancha, y nos sepultaron. Ùltimos, cómodos. La sonrisa del tipo no la pudimos bancar, y Monchi, el más calentón, quiso salir a boxearlo.

Mientras lo conteníamos, el tipo desapareció. Obsérvese que no digo que se fue, sino que desapareció, como si hubiera sido un espejismo. Peor todavía fue que después, hablando con la gente que estuvo presenciando el torneo, nos enteramos de que nunca nadie se percató de su presencia, en ninguno de los partidos que jugamos.

Lo más escalofriante, es que así como nadie estaba seguro de su nombre, descubrimos azorados que las descripciones que de su aspecto podíamos hacer, eran todas diferentes, y ni siquiera acerca de su indumentaria ni de su edad aproximada nos pudimos poner de acuerdo.

Nunca más jugamos en la canchita de atrás del corralón. Preferíamos tomarnos un bondi e ir a jugar a otro barrio. Al tipo no lo vimos más, y la mala racha se cortó, pero unos pibes más jóvenes, que un par de décadas después jugaron ahí, me contaron que a ellos les pasó algo parecido. Puede ser por ley de las compensaciones, digo yo: así como para algunos Maradona es Dios, yo tengo la casi absoluta certeza de que el Diablo es un patadura.


Autor: gustavo.

Buenas tardes.

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