lunes, 12 de abril de 2010

LA MUELA DE DAGOBERT.



El conde Dagobert era temido en toda la comarca. No solo era rico, sino cruel, avaro y de mal talante, por lo que nadie osaba contradecirle.Una mañana despertó Dagobert con un fuerte dolor en su mejilla izquierda. Una de sus muelas se había infectado, por lo que envió a uno de sus siervos al pueblo a buscar a la vieja bruja que era la persona con más experiencia para resolver estos problemas.

La anciana, conducida a la recámara del conde, examinó la muela, aplicó un ungüento de hierbas desconocidas, extrajo la pieza infectada y le recomendó a Dagobert un tratamiento de compresas a base de las mismas hierbas,durante tres días. Dagobert debía limitarse en ese período a una dieta líquida. Satisfecho, Dagobert despidió a la bruja.

-Sire-dijo la anciana antes de retirarse-me debéis media corona.
-Bruja maldita, date por bien paga con el honor de haberme asistido-dijo Dagobert-y vete, antes de que te haga azotar.

La vieja se retiró apresuradamente, no sin antes mascullar unas palabras en un idioma desconocido para Dagobert y sus servidores.

Al anochecer del tercer día de compresas y riguroso ayuno, Dagobert se metió en su lecho esperando poder disfrutar al siguiente día de los numerosos manjares que guardaba su despensa. Pero a medianoche, un dolor penetrante le atenazó el carrillo impidiéndole dormir.Inspeccionando cuidadosamente su boca, encontró para su asombro que la muela todavía estaba allí. No cabía duda de que la anciana la había extirpado; él mismo la había visto. Era, pues un caso claro de brujería.

Dagobert mandó llamar a uno de sus criados, y le dijo:
-Ve a la cabaña de esa vieja maldita y tráela aquí sin demora. Se va a arrepentir de jugarme una mala pasada.

El criado regresó contrito dos horas después, diciendo que la choza de la vieja estaba abandonada. La bruja se había marchado llevándose todas sus pertenencias.

Enfurecido, Dagobert mandó llamar al barbero del pueblo, que, si bien no dominaba las artes mágicas como la vieja, en esta ocasión le sería útil. El buen hombre puso lo mejor de sí, y extirpó la muela. Esta vez, Dagobert le pagó una corona. No estaba de humor para regatear.
Dos día soportó el conde el dolor, y, al amanecer del tercero, cuando ya creía que lo peor había pasada, nuevamente éste se intensificó a un límite insoportable. Dagobert comprobó, para su consternación, que la muela había vuelto a aparecer.

Esta vez fue un médico, el que extrajo la pieza, para gran tormento de su paciente, y a cambio de cuatro coronas. Al día siguiente, la muela volvió a aparecer. Durante todo ese tiempo, el conde no había podido probar ningún alimento sólido, ni había disfrutado de una noche completa de descanso. Enloquecido por el dolor, hizo extirparse nuevamente la muela, solo para verla aparecer en su inflamada encía al cabo de unas pocas horas. Decidió soportar la tortura, pero flaqueó su resolución tras cinco días de sufrimientos. Una nueva extracción solo postergó la reaparición de la muela por una noche. Por fuerte que fuera la complexión de un hombre (y el conde era extremadamente robusto), ni el mismísimo Prometeo podría soportar semejante tortura.

En el curso de tres meses, Dagobert había hecho extraer su muela veintisiete veces, para verla aparecer siempre al cabo de una noche. Consumido por no poder probar bocado, y enloquecido de dolor, su vida era una constante tortura. Por eso, no le sorprendió a su ayuda de cámara, Arnulfo, cuando al entrar una mañana al aposento de su señor lo encontró colgando de una soga, que el mismo Dagobert había atado a su cuello.

Y es que las muelas, se dijo Arnulf, se parecen a las esposas: pueden ser por un cierto tiempo una parte de nosotros mismos, pero una vez que se alejan, es mejor que no vuelvan.


Autor: Gustavo.

Etiquetas:

4 comentarios:

A las 12 de abril de 2010, 23:37 , Blogger leandro molins ha dicho...

una esposa comparada con un dolor de muelas, muy buena metafora.
Este blog esta muy bueno, mañana te lo pinto todo, ahora estoy bajoneado y con sueño.
Saludos.
Che me tenes que chusmear lo del nemesis de podeti que contaste en lo del gordo motoneta.

 
A las 13 de abril de 2010, 9:29 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Todo bien, Leandro. Es una historia vieja. Lo aclarè en lo de motonet, pero despuès te lo escribo en el tuyo.

Saludos

 
A las 13 de abril de 2010, 11:50 , Blogger Opin ha dicho...

Ta güena la comparación, pero igual yo, cuando me saco una, al rato me sale una caries en otra. Será un caso de poligamia ?
Abrazo

 
A las 14 de abril de 2010, 9:10 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

A mì se me salen las coronas viejas, y me quedan muelas partidas.

No es poligamia, es la edad!!

Saludos

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal