lunes, 3 de mayo de 2010

GRANDES COMANDANTES





Esfenoides de Atenas fue, de todos los guerreros griegos, el que sin duda tuvo una vida más azarosa. Considerado por algunos una víctima de las burlas de los dioses, y por otros el estratega más incapaz de la Antigüedad, dedicó su vida entera a la carrera de las armas.

Siendo jóven y decidido a cambiar la táctica militar, creó la fuerza aérea teniense.

Basado en el episodio de la infortunada muerte del poeta Esquilo, a quien un águila arrojó desde el cielo una tortuga sobre su calva por confundirla con una roca, crió y entrenó águilas para que arrojaran piedras sore el cráneo de los enemigos en batalla.

Lamentablemete, como se comprobó en la campaña de Tespia, en la cual las águilas mataron tantos aliados como enemigos, las aves no eran capaces de diferenciar a los integrantes de ambos bandos beligerantes, por lo que la fuerza aérea fue disuelta.

Realizando estudios de ingeniería con Eufórico de Lemnos, se decidió a aplicarlos diseañando un nuevo y mortífero modelo de catapulta, centurias antes que los omanos.

Desgraciadamente, debido a la escasez de árboles (todos habían sido talados para renovar la marina de guerra), solo pudo construir algunos modelos a escala, verdaderas miniaturas según parece. Sin darse por vencido, equipó a algunos de sus soldados con ellas, y probó su eficacia en la batalla de pidamnio. Si bien ningún soldado enemigo murió víctima de estas novedosas armas, no cabe duda de que varios de ellos quedaron tuertos por los carozos de aceituna que arrojaban.

Anticipándose a las estratagemas que usaría siglos después Arquímedes para defender Siracusa, fue el primero en tratar de incendiar naves enemigas concentrando la luz solar sobre ellas con la ayuda de enormes espejos.

Una demostración práctica llevada a cabo en el puerto del Pireo tuvo reultados lamentables. En efecto, decidió incendiar un desvencijado trirreme que permanecía en el puerto hacía años, ignorando que en él se guardaban las reservas del muy inflamable y altamente explosivo fuego griego. La deflagración resultante destruyó íntegramente la flamante flota de guerra.

Decidido a modificar las tácticas de asedio (que solo llegarían a perfeccionarse siglos después, con el advenimiento de Demetrio Poliorcetes, el expugnador de ciudades), postuló que la mejor manera de tomar una plaza fortificada era estar en el lugar antes de que ésta se construyera. Empeñado en demostrarlo, marchó con sus soldados a la campaña de Tesalia disfrazados de pastores, y acamparon en un sitio apropiado para construir un fuerte, esperando durante siete meses que las fuerzas espartanas invasoras lo construyeran en ese sitio, para tomarlo desde dentro.

Los espartanos, advirtiendo la maniobra construyeron el fuerte del otro lado del rtío, y atacaron con sus arqueros y honderos rodios a sus tropas, causándole fuertes bajas y obligándolo a retirarse.

Otra de sus innovaciones tácticas la introdujo en la batalla de Quersoneso. Teniendo poco espacio para maniobrar, decidió que sus hoplitas cambiaran la formación tradicional de la falange por otra más flexible, y ordenó a cada línea de la falange formarse en cuadro.

Lamerntablemente, olvidó que cada línea de la falange estaba compuesta por 50 soldados, a los que procuró acomodar en un cuadrado de siete guerreros por cada lado. No sabiendo que hacer con el soldado sobrante de cada línea, se puso a reflexionar sobre el problema durante dos horas. Todavía no había encontrado la solución, cuando la caballería epirota, aprovechando el desorden reinante en sus filas, lo derrotó completamente.

Al llegar a este punto, el Destino se complotó para dificultarle las cosas.

Efectivamente, ecibiendo una orden de trasladarse a Sicilia a pacificar la región, se dispuso a cumplirla de inmediato. Llegado a la ísla, se trabó en furioso combate con las tropas cartaginesas que controlaban la mitad del territorio.

Tras cuatro meses de derrotas sucesivas, descubrió por casualidad que su apresuramiento al leer sus órdenes le había jugado una mala pasada, ya que había sido misionado no a Sicilia, sino a Cilicia, en Asia Menor, adonde llegó cuando la guerra ya había finalizado.

Su próxima misión también estuvo signada por el infortunio. En efecto, recibió órdenes de ajustar cuentas con los odrises del reino de Tracia.

Cumpliendo velozmente la órden se trasladó a Tracia, atacó a los odrises, destruyó sus ciudades, mató a los hombres y vendió a las mujeres y niños como esclavos. A su regreso, descubrió que había sido víctima de un malentendido, ya que "ajustar cuentas con los odrises" significaba simplemente recoger el tributo que este pacífico pueblo se había comprometido de buen grado a pagar.

A su regreso, fue somentido a juicio por sus numerosos descalabros militares, y condenado a muerte. Por fortuna, el jurisconsulto Sofisto, que lo defendió, demostró que su caso caía dentro de los criterios de Obediencia Debida, por lo que su pena fue conmutada a pase a retiro con goce completo de haberes y dos semanas de arresto domiciliario.


Autor: gustavo.

Buenas tardes.

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5 comentarios:

A las 3 de mayo de 2010, 12:03 , Blogger leandro molins ha dicho...

Los militares argentinos estudiaron a Esfenoides, tirando bombas en malvinas sin la espoleta armada. Capaz que se juntaban a escaviar con Temistocles, nunca se sabe.

 
A las 3 de mayo de 2010, 16:12 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Galtieri, no. Escabiaba solo para que no le saquen de la botella.

 
A las 4 de mayo de 2010, 13:47 , Blogger Opin ha dicho...

Todavía me lloran los ojos de la risa de solo imaginarme la táctica de tomar la plaza desde adentro...
Un genio, como siempre.

 
A las 6 de mayo de 2010, 12:09 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Habìa que tener sentido de la anticipaciòn.

Màs que para ganar a la quiniela, Opin.

 
A las 10 de mayo de 2010, 14:26 , Blogger El Mostro ha dicho...

¡Juas! Fabulósico.

 

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