jueves, 29 de julio de 2010

EL CORONEL BRANDSEN. EL HEROE.


Son tres los atributos del Presidente de la Nación, el Bastón de Mando, la Banda Presidencial y la Marcha que lo acompaña cuando entra o sale de alguna ceremonia, esa marcha se llama Ituzaingo, el origen de esta marcha es el siguiente:

Era el año 1827 la Argentina junto la Banda Oriental estaban en guerra con el Brasil, el ejército llamado de Operaciones estaba conformado principalmente por la caballería, sus oficiales eran de valía, Paz, Lavalle, Mansilla Lamadrid y Brandsen, este era un militar francés que había peleado bajo las órdenes de Napoleón, hasta el final en Waterloo, a este ejército lo comandaba Carlos María de Alvear.

Ya en territorio brasileño cuando el ejército de Operaciones intentaba cruzar el río Santa María fueron descubiertos por el enemigo, se ordenó durante la noche retroceder y destruir los equipos, solo quedarse con lo puesto para aligerar la maniobra. Cuenta la historia que la oficialidad se puso de acuerdo y se decidió abandonar todo el bagaje y quedarse solo con el uniforme de gala, esta fue la única vez en la historia que un ejército peleó una batalla con el uniforme de gala, el de desfile.

Lo mejor del ejercito brasilero que estaba al mando del Marqués de Barbacena eran los mercenarios alemanes que el emperador del Brasil Don Pedro I había contratado, eran famosos estos mercenarios, desde siempre los hessianos como los llamaban dado que provenían de Hesse, se habían caracterizado por pelear por el que los contratara, es mas los hessianos habian reforzado el ejército inglés durante las guerras de la independencia de USA, inclusive era mas esta tropa mercenaria que la inglesa.

Eran fáciles de identificar, usaban un morrión con un caballo rampante blanco, en muchas películas se los ve, en “El Patriota” e inclusive en el "El jinete sin cabeza" de la película homónima era un hessiano.

En la mañana de la batalla el 20 de febrero de 1827 a las 7 de la mañana Alvear le entregó la bandera al Teniente Coronel Brandsen y le dijo "en este punto hágase matar", le gustaban las frases para el bronce.

Todo empezó mal, el problema era que los coraceros cargaban contra los alemanes pero antes de llegar había una gran zanja donde se frenaba la carga de caballería y eran prácticamente fusilados por los hessianos.

Brandsen intentó dos cargas y se dio cuenta de lo suicida del hecho, así que se dirigió ante Alvear y le espetó lo imposible y absurdo del ataque, dicen que Alvear no tuvo mejor idea que tocarle al amor propio y le recordó que Napoleón cuando el daba una orden a sus oficiales estos no las cuestionaban, obvio es imaginar lo que habrá pensado Brandsen, lo diferentes que eran Napoleón y Alvear, el tema es que saludó y organizó la última carga, esa carga fue suicida Brandsen cargó al frente y fue fusilado por los hessianos a quemarropa.

Ante la imposibilidad del ataque Lavalle consulta a un baqueano, este le dice que a la izquierda a unos cientos de metros termina el arroyo seco esa zanja maldita que no los dejaba pasar. Fue ahí que Lavalle por su cuenta y sin consultar a Alvear da la orden de girar a la izquierda, al ver esto la infantería alemana comienza a dar hurras al Emperador creyendo que los argentinos se retiraban, arrojan sus morriones y disparan al cielo en señal de victoria.

Lavalle mientras llega a donde termina el zanjón cruza al otro lado y da la mitica orden de clarín de "a degüello" que es un toque de clarín que se utiliza cuando la batalla ha finalizado para que la tropa despene, degüelle a los moribundos para que no sufran, también significa que no deben tomarse prisioneros, es un toque de clarín originario del ajército español.

Cuando los hessianos oyeron este toque de clarín y vieron que los coraceros de Lavalle ya los tenían encima se desbandaron y huyeron, lo que siguió fue una carnicería literalmente fueron cazados por los coraceros.

Desgraciadamente no se pudo terminar con la faena dado que la caballada estaba exhausta y el ejército de Operaciones carecía de una infantería como para poder haber dado el golpe final el "coup de grace", y terminar con la guerra.

Cuenta la historia que el Emperador Don Pedro I era muy afín a la música y que él mismo había compuesto la partitura para una marcha militar, para ser tocada después de la primera victoria contra los argentinos, esta partitura fue encontrada entre los restos de todo el equipaje y bagaje que dejaron los imperiales en su huida, desde ese momento esta Marcha bautizada Ituzaingo es empleada cuando se traslada el pabellón Nacional Argentino en los actos, o se rinde honores al Presidente, siendo como ya fuera dicho uno de los tres atributos del Presidente de la Nación.

La batalla de Ituzaingo o de Passo do Rosario (para los brasileros) siempre fue una herida abierta para ellos, tan es así que luego de la victoria brasilera en la derrota de Caseros el 3 de febrero de 1852, estos esperaron hasta el 20 de febrero para entrar victoriosos desfilando por la calle Florida, dicen también que fue tanto esto para el pueblo porteño que cuando algunos de los espectadores comenzaron a abuchear a los brasileños estos arremetieron contra los espectadores a la bayoneta.

Desgraciadamente justo la Marcha de Ituzaingo fue la marcha elegida por los golpistas criminales de la Junta Militar que derrocó a la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón para anunciar, a las 3:21 del 24 de marzo de 1976 el Comunicado Nº 1, dando así comienzo de una de las etapas mas sangrienas y vergonzosas de la historia de los argentinos.

Si alguien visita el Cementerio de la Recoleta, verá ni bien entra que la primer tumba con la que uno se encuentra es donde están los restos de ese héroe nacido francés y ascendido post mortem a Coronel, el Coronel Carlos Luis Federico de Brandsen.


Autos: Mirko y su mosquito bailarin.

Buenas noches.

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jueves, 22 de julio de 2010

EL POMBERO II



OTRO CUENTO DE POMBEROS.

La tarde se movía lentamente como víbora anudada en el Aujero él Cuis, cuando llegó Fasulo, y apeándose del malacara entró presuroso al boliche después de atar su flete al palenque.

-Guenas y santas pa´todos y una ginebra pa´mí- dijo ni bien entró- Se han enterau? El Santillán escribió en el “blos” ese que tiene en la Interné la historia del Pantaleón con el pombero!

-Yo conozco un sucedido con un pombero, que es una cosa que no se puede creer-dijio con parsimonia Barrales. Dicho esto, se llamó a silencio para aumentar la expectativa del paisanaje.

La atención de la concurrencia se centrò de inmediato en el viejo, que era la memoria viva del boliche. Nadie sabía más historias que él, y cualesquiera que fuera el tema de conversación que algien sacara a la luz, Barrales tenía una anécdota apropiada que le mataba el punto.

-Dele, don Barrales-dijo el pulpero entusiasmado- Cuente, que la casa paga una vuelta para todos.

-Güeno-dijo el viejo después de carraspear- Hace una punta de años, allá en Ñandubay Herradoandaba el Fulgencio Servido por un montecito e´ talas durmiendo la siesta, y se le apareció un enano negro, vizco y bajito, que el Fulgencio denseguida se dio maliceó de que era un pombero. Porque el Fulgencio, no sé si les dije, de gurí había vivido en las Misiones.

Pa´ estar seguro, el Fulgencio le priguntó si era pombero o no, y el otro le dijo que claro que era, nomás. Y ahí nomás le empezó a prometer todo lo que el Fulgencio quiisiera, pero que tenía que dimostrar que era un gaucho güeno. Y le preguntó como a la pasaba si no tenía tabaco pa´pitar y un chifle de ginebra, que eso de ser pombero y andar por el monte le seca el garguero a uno.

El Fulgencio le dio todo el tabaco que le quedaba, y hasta el porrón llenito que tenía, y ahí nomás al pombero le dijo que volviera al montecito e´talas al otro día, con más ginebra, más tabaco y un costillar y unas achuras, que en el monte él vacas no conseguía, y estraniaba un güen asau.

-No se achicaba pa´pedir, el hombre-murmuró el vasco Urrutia.

-La verdá que no-asintió Barrales-la cosa es que al otro día el Fulgencio volvió con todas las cosas, y le hizo un flor de asau al pombero, que chquito como era comió como lima nueva. Endispués de comer, el pombero le dijo al Fulgencio que le faltaba una prueba más de cumplir para mostrar que se merecía todas las riquezas que iba a darle. Y ahí nomás le contó que conocía un lugar donde había una cueva con mucho oro, pero que la cuidaban unos aparecidos que eran muy fieros, asi que era peligroso de ir si uno era crestiano, pero el pombero podía ir, porque era compadre de esos aparecidos y no sé que favor les había hecho y le dejaban llevarse todo el oro que quisiera.. Y como pa ´ mas la cueva esa quedaba lejos y el oro era mucho le dijo que le tuviera confianza y le emprestara el flete y lo esperara en el montecito, que a la medianoche iba a volver con el tesoro.

La cosa es que el Fulgencio agarro viaje y le emprestó el tordillo, con apero y todo, y se tiró abajo de un tala a esperar. Dos días estuvo el Fulgencio esperando y a la final se volvió con el rabo entre las patas al pueblo sin el oro y sin el caballo, vea. Cuando llegó nos contó todo y nos dijo que deseguro esos aparecidos se habían enojau con el pombero y le habrían hecho alguna hechuría porque las ánimas no son de fiarse.

El asunto es que al oto día llegó un circo al pueblo, y después de armar la carpa el payaso se fue a la pulpería a tomar algo, y dentró a hablar con la paisanada, y ahí nomás le priguntamos si el circo tenía trapecista, y el payaso dijo que sí. Y le priguntamos si había liones y domadores, y el payaso dijo que también tenían. Y le priguntamos por los que escupen fuego, el payaso dijo que también tenían. De todo tenían, parece. Hasta que por ahí uno le priguntó si enanos también tenían. Y ahí el payaso le dijo que no, que habían sabido tener un enano que pa´colmo era negro y vizco, pero era muy mentiroso, ladrón y vago, y que el dueño del circo lo había hechau por sabandija una semana antes, y que no sabía ande había ido.

-Ya me parecía- comentó el pulpero- que un pombero dendeveras no podía ser tan sotreta.


Autor : Gustavo.


Buenas tardes.

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jueves, 15 de julio de 2010

EL POMBERO


EL EXTRAORDINARIO CASO DE PANTALEON CARRASCO


Antes de comenzar, debo aclarar que la familia Carrasco, existe. Son naturales de la zona de Castelli, en el Chaco. Nacidos en el campo familiar, es gente honesta, casi analfabeta, aunque bastante pìcara. El mayor, Francisco, hizo la conscripción allà por 1975, y quedò prendado de la “ciudad” (que era Resistencia, una ciudad pequeña, pero para Francisco, era Nueva York!) Consiguió trabajo, y fue trayendo a los hermanos, que eran hacheros en el monte. Asì llegaron Trànsito, Catalino, Pantaleón, y Antonio (que por suerte para èl, naciò un 13 de Junio, dìa de San Antonio. A los otros, el santoral los tratò bastante mal!) Mantienen a rajatabla las creencias de su niñez, sus miedos , y tambièn sus valores. Por ejemplo, no dicen CREER en el “Pombero”. Simplemente, lo han visto.

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Pantaleón fumaba en silencio, solo en el monte, a la sombra de su cobijo, mientras se cocinaba una tortilla al fuego. Pensaba en la mala suerte que estaba teniendo. A los 22 años, uno era nuevo, y no podìa elegir la zona del monte donde querìa trabajar. Te mandaban a los peores lugares, los màs lejanos, donde completar la cuota, te podìa llevar una semana. El hachero entra al monte el lunes, y no sale hasta que completa su parte. En ese lapso, lo puede picar una víbora, o caerse a un barranco, o lo que sea, y nadie se va a dar cuenta, hasta que sea tarde. Entonces, no se vuelve.

Encima, su parte del monte, ademàs de tener casi toda leña fina, lindaba con un estero. Nadie querìa ir ahì. Pantaleón, como todos los lugareños, sabìa que donde hay agua quieta, con camalotes, està el Pombero.

El Pombero, en realidad, (y Panta lo sabìa), no es realmente malo. Màs bien es bromista y pedigueño. Pero si no se le hace caso, se pone pesado. Cuando hay mujeres presentes, se pone celoso, y se la pasa tirando piedras.

En el monte, Pantaleón y los otros hombres estaban solos, pero entonces el Pombero mostraba otra conducta, que ponìa en evidencia su punto dèbil : el tabaco.

Porque este duende se muere por fumar. Hace cualquier cosa por un cigarro. Y es entonces, conociendo esto, que se lo puede mantener a raya.

Pantaleón ya sabìa que estaba cerca. Esa misma tarde, habìa perdido dos horas buscando una gallina con nidada, que se escuchaba entre los arbustos. Pero no habìa nada (porque el Pombero, para divertirse, o llamar la atención, suele imitar el reclamo de cualquier animal).

Ahora, mientras cocinaba, Panta sintiò un frìo en la nuca, y ,con el rabillo del ojo, alcanzò a ver al duende, a unos 50 metros, que lo estaba vigilando. Era como se lo habìan descripto. Un enano negro, pero de pelo largo rubio. Usaba un sombrero de paja, y en la mano, tenìa un bastoncito.

Bien aleccionado, Panta no lo mirò de frente, porque esto lo toma como un desafìo, y empieza a revolear piedras. Caminando lento, tomo una madera a modo de bandeja, y puso unos cuantos “armados”, y unas galletas, dejando todo cerca del monte, a la vista del engendro.

Volviò lento al cobijo, pero cuando se diò vuelta, ya todo habìa desaparecido. No estaban ni el Pombero, ni los vicios.

Es sabido, que cuando este duende come y fuma, desaparece por tres o cuatro dìas, suficiente para terminar la cuota, normalmente. Pero esa noche, a Pantaleón, el Pombero se le apareciò en sueños. Esto suele pasar con las mujeres, que a veces, hasta quedan embarazadas, pero es raro que pase con los hombres. En el sueño, Pantaleón viò al duende, que, agitando el bastoncito, le indicaba en direcciòn a una cañada, que estaba bastante lejos, pasando un guadal. Ahì, Panta nunca habìa estado. El camino era bastante malo.

A la mañana siguiente, Panta pasò el guadal, y, para su asombro, encontrò un montecito de quebracho colorado, justo del tamaño adecuado. Dando gracias al Pombero, terminò su cuota màs ràpido que nunca. Antes de irse, agradecido, le dejo otra remesa de tabaco, aunque el duende no habìa vuelto.

Sorprendidos de que un hachero nuevo, en uno de los peores lugares, haya salido tan ràpido del monte, los dueños de la maderera lo mandaron al mismo lugar, la semana siguiente.

Panta, después de dejarle los cigarros al Pombero, saliò para el guadal, y encontrò OTRA VEZ el mismo monte. Estaba como al principio. Como si no hubiese sido talado jamàs. Sin hacerse muchas preguntas, Pantaleón trabajò ràpido, y ràpido volviò a su casa.

Esto se repitiò varias veces, en los meses que siguieron. Asì, Pantaleón pudo ahorrar para el pasaje, y se fue para la ciudad de Resistencia.

Hoy en dìa, treinta años después, habiendo sido desmontada toda esa zona, y transformada en sembradìos de algodón, cuando Pantaleón va al campo familiar, a visitar a su madre, JURA, que en aquella cañada, detràs del mismo guadal, todavía està el montecito de quebrachos, que sigue cuidando el Pombero.


Autor: El Gaucho Santillán

Buenas noches.


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jueves, 8 de julio de 2010

LA SOMBRA


Recuerdo muy bien aquella noche. Estaba, como era habitual, tomando una copa de brandy y leyendo The Times en el club, cuando entró en el salón Jaspers, el mayordomo de mi buen amigo Murchinson, para decirme que su amo suplicaba mi presencia en su residencia lo más rápido posible, para tratar un asunto de la mayor importancia. Murchinson, además de ser un brillante físico era también miembro del club, pero en las últimas semanas no se había hecho presente.

La última vez que habíamos compartido una copa me había dicho que estaría muy ocupado con un experimento de capital importancia. Teniendo por seguro que mi amigo no interrumpiría mi velada por un asunto trivial, seguí a su criado sin titubear hasta el carruaje que esperaba en la puerta.

Mientras viajábamos en el carruaje, pregunté a Jasper que ocurría con su amo, y el buen viejo me respondió que no podía decirlo con certeza. Únicamente sabía que éste estaba refugiado en sus habitaciones desde hacía muchos días, y solo entreabría la puerta para recibir su comida. Pensé para mis adentros que ojalá no me tocara encontrarme con un caso tan desafortunado como el de otro prominente miembro de nuestro club, el infortunado Harry Jekyll.

Reflexionando sobre el tema con un poco más de detenimiento pensé que esto era muy improbable, ya que Murchinson no trabajaba en el desarrollo de ningún compuesto químico, sino que dedicaba sus estudios teóricos a tratar de dilucidar las propiedades del espacio y del tiempo.

Cuando llegamos a la casa de Murchinson, Jarvis me anunció sin demora, y mi amigo me pidió que pasara a sus habitaciones. Le encontré sentado en su sillón de orejas tras su escritorio en la semipenumbra, de modo que solo el contorno de su silueta podía distinguirse. Me senté y me serví una copa de jerez que me ofreció, mientras le preguntaba el porqué de su llamada.

-Como sabrá-me dijo- hace mucho que estoy dedicado a estudiar la verdadera naturaleza del tiempo. Mi tratamiento matemático del problema me permitió llegar a una inesperada conclusión: es posible viajar en el tiempo, así como nos desplazamos en el espacio. Para demostrarlo, construí en mi laboratorio una máquina, y ésta es la razón por la cual me he mantenido aislado abocado a la realización del proyecto.

-Ha probado la máquina?-pregunté.

-Sí, y funciona, pero ha habido una falla. Sucede que consideré que, debido al riesgo involucrado, y a la enorme cantidad de energía necesaria para su funcionamiento, solo yo debía probarla en un principio, efectuando un corto salto hacia el futuro. Decidí desplazarme exactamente un minuto hacia adelante. Eso fue exactamente a la medianoche, hace veintidós días. Según indicaba el cronómetro de mi laboratorio, el experimento funcionó de modo satisfactorio.

No advertí, en un principio, ningún efecto adverso. Cuando quise regresar hacia atrás en el tiempo, encontré que ello no era posible. Aunque mis ecuaciones sugerían que el desplazamiento hacia el pasado o el futuro era igualmente posible, en la práctica parece ser que no se puede retroceder.

Consideré entonces que había sido acertado elegir un intervalo tan corto de tiempo para mi primer experimento, ya que solo había perdido un minuto de mi vida. Sin embargo, había algo con lo que no contaba…

Dicho esto, mi amigo encendió la lámpara que estaba sobre su escritorio. Observé con detalle su rostro ahora iluminado, y, fuera de un aspecto general de cansancio y un gesto más adusto que de costumbre, no noté en su semblante cambios dignos de mención.

Murchinson señaló al piso, y seguí con la mirada la dirección que me indicaba. Sobre la alfombra, la sombra de mi amigo se reflejaba. Podía ver su contorno con su copa de cherry en la mano derecha…pero la mano derecha de Murchinson estaba en ese mismo instante vacía. Lo miré, asombrado, pero antes de que pudiera preguntarle algo, comenzó a hablar.

-No entiendo como pudo suceder, pero algo salió mal-mientras decía esto, su sombra parecía beber un sorbo de cherry- y al parecer mi sombra y mi cuerpo perdieron sincronicidad-mientras decía esto, se sirvió un vaso de cherry y su sombra, en el piso, pasó su mano sobre su frente-. Al parecer, mi sombra está unos segundos adelante de mi cuerpo en el tiempo.

Hizo una pausa para beber un sorbo de cherry. Mientras tanto, la sombra comenzaba a pasearse por la habitación a largas zancadas. Azorado , le pregunté:

-Como es posible?

-No tengo idea-y mientras decía esto, se pasaba la mano por la frente- de lo que estoy seguro es de que no soy más dueño de mis actos.

Comenzó a pasearse por la habitación, como segundos atrás había visto hacer a su sombra. Decidí cerrar los ojos. No podía soportar la horrible vision de una sombra que se movía antes que su dueño.

-El problema es que siempre asumimos que la sombra es una proyección, un mero fenómeno óptico, condenado a reflejar en dos dimensiones nuestros movimientos-explicó abatido mi amigo-. Pero ahora, por desgracia, mi sombra no sigue mis movimientos, sino que yo me veo condenado, fatalmente, a seguir los suyos.

-Trató de revertir el experimento?-pregunté, y al instante comprendí que había formulado una cuestión obvia.

-Por supuesto, pero cada vez que realizaba un nuevo avance en el tiempo, la anomalía persistía. Medí con precisión el desfasaje, y es constante: veintisiete segundos.

Soy un autómata condenado a repetir, con veintisiente segundos de retraso, cada movimiento de su propia sombra. He perdido mi libre albedrío. Estos días han sido una tortura indecible, y la sola idea de continuar así me está llevando al borde de la locura.

-Qué puedo hacer por usted- inquirí.

-Por desgracia, nada. De hecho, solo quiero despedirme.

Abrí los ojos, y ví a su sombra extendiendo su mano hacia mí. Guardé silencio por unos segundos, sin saber qué responder.

-Le deseo suerte-me dijo-ha sido un honor contar con su amistad. Antes de que se vaya, le quiero hacer saber que he dejado todos mis asuntos en orden, y le he nombrado albacea de mis bienes. He destruido la máquina del tiempo, y todas mis notas.

Extendió su mano para estrechar la mía. Me incorporé, recogí mi capa y mi sombrero y me preparé a marcharme. Cuando llegué a la puerta le miré por última vez. Estaba sentado serenamente frente a su escritorio. En el piso, su sombra se llevaba una pistola a la sien. Me apresuré a salir y cerré la puerta.

Autor: gustavo.

Buenos Dìas.

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jueves, 1 de julio de 2010

DISCUTIR CON MUJERES



Brindando un nuevo servicio a la comunidad, entrevistamos al famoso psicólogo Gunther Szwytzkyj, de la Universidad de Cracovia, autor del polémico best-seller “Cómo discutir con mujeres conflictivas.“

-Doctor, me parece que sus afirmaciones sobre cierta parte del sexo
femenino son un tanto lapidarias.

-Para nada. No solo me baso en estudios teóricos, sino en mi experiencia personal. Sucede que, con un grupo de amigos y colegas, solíamos reunirnos en un bar de Bratislava a charlar, y siempre salía a la luz un problema común de todos nosotros, que es el hecho de que encontramos difícil discutir con cierto tipo de mujeres.

-Dónde estaba la dificultad?

-Bueno, es sencillo. Descubrimos que nosotros, los hombres, discutimos con las mujeres para demostrar que tenemos razón. Las mujeres conflictivas tienen una lógica distinta, y discuten aún sabiendo que están equivocadas. Eso hace que, mientras nosotros tratamos de llevar los argumentos de la disputa a un plano puramente lógico, seguros de que la razón nos asiste, ellas tratan, en cambio, de desviar la
atención sobre el punto a discutir usando trucos como llorar, o apoyar sus argumentos diciendo cosas tales como: “estoy segura de que es así, y vos no lo entendés porque te falta intuición.“

-Qué aconseja usted hacer, en estos casos?

-Aférrese más aún a la lógica. No se deje distraer por cortinas de humo. Nunca permita que cambien de tema, o que, por ejemplo, si usted le está reclamando a ella que no puede ser que todas las noches le agarre jaqueca, ella trate de zafarse diciendo que el motivo de ese problema es que la madre de usted la odia. Si usted no reacciona, pronto se verá enfrascado en una discusión defendiendo a su madre, y se
olvidará del tema original de su reclamo, que es el hecho de que usted quiere y merece más y mejor sexo.

-O sea, que tengo que discutir, digamos con una agenda prefijada?

-Obviamente. Si consiguen distraelo, su causa está perdida. Aténgase a una lógica de hierro, y hágale ver las contradiciiones en las que incurre. Seguramente, cuando ella discuta con usted, usará con todo desparpajo argumentos diametralmente opuestos a los que usó un tiempo atrás. No deje que insulten su inteligencia, y hágale ver la
inconsistencia de sus aseveraciones.

-Pero, cómo puede reaccionar ella?

-Va a usar la artillería pesada: se va a poner a llorar. No se deje impresionar. Ni un balde de lágrimas vuelve bueno un argumento falaz.

Dele un pañuelo para que se seque los ojos, pero no use ninguna frase de apoyo. Es esencial que usted se mantenga frío y distante, como un juez severo e insobornable. Eso la va a desconcertar, y le dará a usted una ventaja decisiva.

-El próximo paso?

-Probablemente ella se retire a evaluar las pérdidas, y decida posponer la batalla para una mejor ocasión, confiando en tomarlo a usted desprevenido, o cansado. Cuando ella vuelva al ataque, dígale con olímpica autosuficienca que de ese tema ya habían hablado, y que no tiene sentido seguir analizándolo. Por supuesto, ella no va estar de acuerdo, porque lo que quiere, es discutir. Debe ser firme en este punto: si ella no tiene nuevos argumentos que aportar a la discusión, no tiene sentido volver a hablar otra vez del tema. Eso la va a enfurecer, y seguramente haga un poco de teatro.

-Y que hace uno, en esos casos?

-Ignórela por un plazo prudencial, que puede ir de tres horas a cuarenta años. Divorciarse, si tiene la desgracia de ser su esposo, puede ayudarlo enormemente a recuperar la paz de espíritu.

-Doctor, mil gracias, acabo de comprender que toda mi vida he vivido equivocado!

Autor: gustavo

Buenas noches.

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