jueves, 22 de julio de 2010

EL POMBERO II



OTRO CUENTO DE POMBEROS.

La tarde se movía lentamente como víbora anudada en el Aujero él Cuis, cuando llegó Fasulo, y apeándose del malacara entró presuroso al boliche después de atar su flete al palenque.

-Guenas y santas pa´todos y una ginebra pa´mí- dijo ni bien entró- Se han enterau? El Santillán escribió en el “blos” ese que tiene en la Interné la historia del Pantaleón con el pombero!

-Yo conozco un sucedido con un pombero, que es una cosa que no se puede creer-dijio con parsimonia Barrales. Dicho esto, se llamó a silencio para aumentar la expectativa del paisanaje.

La atención de la concurrencia se centrò de inmediato en el viejo, que era la memoria viva del boliche. Nadie sabía más historias que él, y cualesquiera que fuera el tema de conversación que algien sacara a la luz, Barrales tenía una anécdota apropiada que le mataba el punto.

-Dele, don Barrales-dijo el pulpero entusiasmado- Cuente, que la casa paga una vuelta para todos.

-Güeno-dijo el viejo después de carraspear- Hace una punta de años, allá en Ñandubay Herradoandaba el Fulgencio Servido por un montecito e´ talas durmiendo la siesta, y se le apareció un enano negro, vizco y bajito, que el Fulgencio denseguida se dio maliceó de que era un pombero. Porque el Fulgencio, no sé si les dije, de gurí había vivido en las Misiones.

Pa´ estar seguro, el Fulgencio le priguntó si era pombero o no, y el otro le dijo que claro que era, nomás. Y ahí nomás le empezó a prometer todo lo que el Fulgencio quiisiera, pero que tenía que dimostrar que era un gaucho güeno. Y le preguntó como a la pasaba si no tenía tabaco pa´pitar y un chifle de ginebra, que eso de ser pombero y andar por el monte le seca el garguero a uno.

El Fulgencio le dio todo el tabaco que le quedaba, y hasta el porrón llenito que tenía, y ahí nomás al pombero le dijo que volviera al montecito e´talas al otro día, con más ginebra, más tabaco y un costillar y unas achuras, que en el monte él vacas no conseguía, y estraniaba un güen asau.

-No se achicaba pa´pedir, el hombre-murmuró el vasco Urrutia.

-La verdá que no-asintió Barrales-la cosa es que al otro día el Fulgencio volvió con todas las cosas, y le hizo un flor de asau al pombero, que chquito como era comió como lima nueva. Endispués de comer, el pombero le dijo al Fulgencio que le faltaba una prueba más de cumplir para mostrar que se merecía todas las riquezas que iba a darle. Y ahí nomás le contó que conocía un lugar donde había una cueva con mucho oro, pero que la cuidaban unos aparecidos que eran muy fieros, asi que era peligroso de ir si uno era crestiano, pero el pombero podía ir, porque era compadre de esos aparecidos y no sé que favor les había hecho y le dejaban llevarse todo el oro que quisiera.. Y como pa ´ mas la cueva esa quedaba lejos y el oro era mucho le dijo que le tuviera confianza y le emprestara el flete y lo esperara en el montecito, que a la medianoche iba a volver con el tesoro.

La cosa es que el Fulgencio agarro viaje y le emprestó el tordillo, con apero y todo, y se tiró abajo de un tala a esperar. Dos días estuvo el Fulgencio esperando y a la final se volvió con el rabo entre las patas al pueblo sin el oro y sin el caballo, vea. Cuando llegó nos contó todo y nos dijo que deseguro esos aparecidos se habían enojau con el pombero y le habrían hecho alguna hechuría porque las ánimas no son de fiarse.

El asunto es que al oto día llegó un circo al pueblo, y después de armar la carpa el payaso se fue a la pulpería a tomar algo, y dentró a hablar con la paisanada, y ahí nomás le priguntamos si el circo tenía trapecista, y el payaso dijo que sí. Y le priguntamos si había liones y domadores, y el payaso dijo que también tenían. Y le priguntamos por los que escupen fuego, el payaso dijo que también tenían. De todo tenían, parece. Hasta que por ahí uno le priguntó si enanos también tenían. Y ahí el payaso le dijo que no, que habían sabido tener un enano que pa´colmo era negro y vizco, pero era muy mentiroso, ladrón y vago, y que el dueño del circo lo había hechau por sabandija una semana antes, y que no sabía ande había ido.

-Ya me parecía- comentó el pulpero- que un pombero dendeveras no podía ser tan sotreta.


Autor : Gustavo.


Buenas tardes.

Etiquetas:

4 comentarios:

A las 20 de julio de 2010, 12:15 , Blogger leandro molins ha dicho...

conosco demasiados pomberos, si solo los pudiera rajar a todos, pero no soy el dueño del circo

 
A las 20 de julio de 2010, 12:20 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Ojo con el pombero. Embaraza a las novias, sabias?

 
A las 20 de julio de 2010, 18:32 , Blogger gustavo ha dicho...

Seguro, Gaucho. Pombero que use condón, nunca se ha visto.

 
A las 21 de julio de 2010, 10:07 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Y la pastilla?

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal