jueves, 30 de septiembre de 2010

EL NIÑO QUE NO SABIA


El niño jugaba junto al estanque del palacio. En todo el alto valle del Nilo, el sol refulgìa con fuerza. Todo era tranquilidad, y el pequeño, se sentìa feliz.

Es cierto que extrañaba a su familia, de la que habìa sido separado abruptamente, hacìa unos meses, al morir su tìo. Pero los sacerdotes del templo, que le acompañaban todo el tiempo, si bien no dejaban que nadie se acercara a èl, trataban por todos los medios, de que se tranquilizase.

Su tìo habìa sido Faraón, durante muchos años. Habia nacido bajo el nombre de Amenofis IV, pero habìa cambiado èste, el niño no sabìa porquè, al de “Akenatòn”, el “hijo del sol” . Tambièn habìa cambiado la capital del paìs, Tebas, donde estaba el principal templo de Amòn, y donde se recogìan los impuestos, hacia una ciudad nueva, fundada por èl, a la que llamò “Amarna”. Allì, creó el templo de “Atòn”, el Dios Sol, y lo habìa convertido en el nuevo centro de tributo, donde los sacerdotes de Amòn, y de los otros Dioses, no tenìan cabida.

Centurias después, muchos arqueòlogos se maravillarìan al descubrir este reinado inaudito. Un Faraón monoteísta!

Pero el niño no sabìa nada de esto. A sus nueve años, sòlo le interesaba cazar patos junto al estanque.

Por eso, confiando en los sacerdotes, puso su sello en muchos papiros que no comprendìa. Nunca supo que dictò la abolición del dios Atòn, ni la persecución de sus seguidores. Tambièn sellò, sin saberlo, la destrucción de cualquier estatua que recordara a su tìo. Y tambièn de sus templos. Y la ciudad llamada Amarna. Y de cualquier cosa que le mostrara a los egipcios, que podìa existir otro Dios, o que no era necesario pagar tributo en el templo de Amòn.

Tampoco supo que , oficialmente, su propio nombre habìa sido cambiado, consagràndolo como hijo devoto de este Dios .

Al ser separado de su madre, por la fuerza, ella, entre sollozos, logrò decirle que su tìo habìa sido asesinado, pero èl no comprendiò que querìa decirle. Luego, sin saberlo èl, ella y su familia, marcharon a la muerte.


Nunca sospechò que su tìo habìa sido asesinado por aquellos mismos sacerdotes que ahora lo protegìan.

Nunca supo que viviría solo y aislado, y que no sería feliz, sino útil.

Nunca imaginò que, diez años después, al tratar de oponerse a ellos, èl mismo, serìa envenenado.

Y mucho menos supo, ni sabrìa jamàs, que siglos después, su nombre se harìa famoso.


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“Miren!”- dijo Howard Carter – “En el sello de la tumba, està su nombre. Dice :


“¡TUT - TANK – AMON !”


Buenas tardes.


Autor: El Gaucho Santillán

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4 comentarios:

A las 27 de septiembre de 2010, 7:42 , Blogger Neogeminis ha dicho...

Curiosos nudos en la trama de un destino!

Hermosamente narrado.
Un abrazo.

 
A las 27 de septiembre de 2010, 11:26 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Neogèminis, gracias.

Este relato siempre me gustò.

un abrazo.

 
A las 28 de septiembre de 2010, 22:52 , Blogger OPin ha dicho...

Muy interesante punto de vista del relato y sobre todo veraz.
En una época compré mucha bibliografía del Antiguo Egipto e incluso un manual para traducir los jeroglíficos. Luego de un tiempo se me secó el interés como si me hubieran enterrado en Natró.
Un abrazo de esfinge desnarigada

 
A las 29 de septiembre de 2010, 10:32 , Blogger El Gaucho Santillán ha dicho...

Opim, yo me comprè el libro de Von Daniken, que traìa las piràmides para armar, y afilar hojitas de afeitar.

Pero era un verso, parece.

un abrazo.

 

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